Murió otro motociclista y van…

Se trata de Jorge Jonathan Romero que se había accidentado en Chaquiago cerca de Andalgalá el pasado sábado 26 de noviembre.

INFORMACION-GENERAL

No vamos a incurrir en la torpeza de detallar el tipo de lesiones que, finalmente, le causaron la muerte al joven Romero. De eso se han ocupado prolija y hasta morbosamente otros medios periodísticos.

De lo que se trata, en medio del dolor de sus familiares, es  que esa muerte sirva para algo más que para justificadas lágrimas y un sepelio.

La crónica policial señaló que el accidente se habría producido por que Romero intentó esquivar un “lomo de burro” y en lugar de ello, dio con su humanidad contra el tronco de un árbol de considerables dimensiones.

Se hizo notar que el motociclista no llevaba el caso protector   y que circulaba a alta velocidad.

En nota anterior hemos mencionado la posibilidad de que la culpa de este lamentable accidente se la echen al muerto como una forma de eludir evidentes responsabilidades concurrentes que se advierten en este siniestro. Jorge no murió por falta del casco, murió por esquivar el reductor de velocidad, un dispositivo harto cuestionable y no autorizado por la autoridad vial y de cuya instalación alguien debe hacerse cargo y responder como corresponde.

De lo contrario nos iremos acostumbrando a que los responsables nunca responden por sus errores y que al final  el que paga los platos rotos es el más perjudicado, la víctima de esas falencias cometidas – en este caso -, por un ente oficial.

Cabe esperar – y desear -, que a la mayor brevedad se finalicen las actuaciones técnico-legales que requiere el caso y finalmente sea la Justicia la que determine –si corresponde-, un reparto equitativo de culpas.

Sólo así la muerte de Romero no será en vano y tal vez produzca un sentimiento de consuelo entre sus seres queridos.

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