Los niños, víctimas inocentes e indefensas de los accidentes de tránsito vehicular
Se hace dificultoso admitir la dura realidad que nos muestra.-todos los días-, que el aforismo refleja una dolorosa realidad; “Si pudo evitarse no fue un accidente” está –lamentablemente-, en lo cierto.
La mayoría de los accidentes de tránsito pudieron ser evitados si no hubieran intervenido los clásicos componentes: impericia, ignorancia, imprudencia e irresponsabilidad por parte de los conductores.
Pero lo más lamentable es cuando las victimas son niños, algunas veces bebitos que sufren las consecuencias más graves en estos siniestros.
Por lo visto, de nada sirven las multas que aplican las autoridades y se confirman nuestras afirmaciones relacionadas con este aspecto de la cuestión: mientras las infracciones sean redimibles con dinero, todo seguirá como hasta ahora . El único cambio que puede esperarse es un aumento en el número de los accidentes como una lógica consecuencia del aumento en el número de vehículos que circulan diariamente. El Estado –lo hemos apuntado en reiteradas ocasiones-, lejos de sancionar o instruir, recauda. Y entonces los “operativos de control de tránsito vehicular” son todo un éxito con decenas de motos secuestradas y numerosos autos remitidos al depósito municipal.
Son muy pocos los que permanecen fuera de circulación ya que la mayoría muestra “los papeles”, paga la multa y regresa a la calle en condiciones de protagonizar otro accidente.
Se ha repetido hasta el hartazgo que en las motos no deben viajar –como acompañantes-, menores de doce años.
El uso de los cinturones de seguridad y su ubicación en el asiento trasero cuando se trata de niños viajando en un auto es un tema repetido hasta el cansancio por las autoridades y por las ONG que propician la seguridad vial en todas sus manifestaciones.
Pero será suficiente apostarnos en una esquina cualquiera durante unos pocos minutos para advertir cómo se traslada una familia entera en una moto o la manera en que viaja un menor en el asiento de la derecha dentro de un automóvil.
Nos resulta inocultable la penosa crispación que nos causa la muerte de un niño, víctima inocente e indefensa de un accidentes que en el 90 por ciento de las veces pudo evitarse.
¿Qué tendrá que ocurrir para que- de una vez por todas-, el Estado adopte las medidas conducentes que pongan fin a este estado de cosas aunque disminuya la recaudación?