“La nueva dirigencia empresarial debe nacer del actual proyecto político”

David Selser, ex funcionario en Catamarca y actual integrante de la conducción de la Confederación General Económica (CGE), en un reportaje publicado hoy en Miradas al SUR, recorre los vaivenes y los escollos, tanto estructurales como políticos, desde hace más de 50 años, del organismo que reúne a los empresarios argentinos.

SELSER. Y su visión de la historia y actualidad de la CGE.
ECONOMIA
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La CGE tiene una larga historia. ¿Cuántas veces fue intervenida?

–El inicio formal fue en el ’53, aunque algunos reivindicamos un 26 de mayo del ’50, cuando en Catamarca un grupo de empresarios firmó un documento conocido como el Acta de Catamarca. Un pronunciamiento, un manifiesto en pos de la defensa de los intereses nacionales y del empresario nacional. Y el primer choque grande sucedió en el ’55, con la dictadura de Rojas y Aramburu, cuando se intervino la CGE. Lo mismo que sucedió con el gobierno de Guido, tras el desplazamiento de Frondizi, y también en el ’66, con el derrocamiento de Arturo Illia; y corrido el tiempo, con el golpe del ’76, el estado de sitio y la intervención, que es de los primero que hacen, de la CGT y la CGE. ¿Qué era la CGE en esos momentos? ¿Era una masa crítica de empresarios nacionales y populares? ¿Era una burguesía nacional? ¿Qué era? Esa es la pregunta que nos estamos haciendo en la casa, investigando y pensando en nuestra historia.

En tiempos más cercanos también tuvieron roces con los gobiernos de turno.

–Recién con Alfonsín se recuperaría la personería jurídica y la restitución de una parte de los bienes, porque habían liquidado la CGE como persona jurídica y expropiado sus bienes, entre ellos, el edificio que ocupa actualmente. Entonces, una vez recuperado el edificio de la CGE, caminamos a los tumbos, desde la debilidad, junto a otras organizaciones de gremialismo empresario, como la Sociedad Rural y la Federación Agraria, que surge de acá. Esos son los actores que juegan en la agenda pública. La CGE menos, porque éramos los más chicos. Aunque aún tenía una existencia económica importante, porque estaba APS, que funcionaba como una especie de medicina prepaga para empresarios; un antecedente de OSDE. Eso duró hasta que en los años ’91, ’92 y ’93, el protomenemismo genera una disputa que termina, incluso, en denuncias penales y se liquida APS. La APS servía como apoyatura económica de la CGE, y los empresarios organizados se quedaron sin ese recurso, que no solamente brindaba un servicio importante, sino que daba un poder económico genuino. Hay que recordar que un tema que la CGE defiende desde hace muchos años es la jubilación y una obra social para los empresarios, que no existía en otras cámaras gremiales empresarias porque eran todos millonarios. En cambio nosotros pensábamos en nuestros asociados, porque eran tipos bolicheros que tenían un kiosquito y que, si no aportaban, después se podían quedar en la lona. La CGE era la única que militaba por el tema de la jubilación para los empresarios o la obra social; a las otras organizaciones les importaban poco. La verdad es que esto de la jubilación, o un retiro, para empresarios, lo hemos discutido todo este tiempo y no le terminamos de encontrar la forma.

¿Cómo les fue durante la crisis y en los momentos previos?

–En los ’90 se hacía muy difícil sostener cualquier expresión del empresariado nacional, por el contexto político. Cuando asume De la Rúa, un dirigente radical, de Córdoba, anota como gran logro publicar el libro de los 50 años de la CGE (1950-2000). Era un libro muy lindo, con lindas ilustraciones y todo eso, pero no contaba lo que debería contar de los cincuenta años de esa historia. Al fin, en diciembre de 2003, después de ese período en el que la Argentina llegó al fondo del mar, se hace una asamblea y es elegido presidente un señor vinculado con prestaciones médicas, con seguros médicos y cosas así, con lo que unos meses después un sector de empresarios y dirigentes reniega de esa conducción. Hace algo así como una asamblea, una asamblea autoconvocada, y se elige una nueva conducción de la CGE. Conducción que nunca fue confirmada porque intervino la Justicia y hubo muchas idas y vueltas, muchas peleas.

Hay datos de que en 1973 tenían un millón trescientos mil afiliados. ¿Qué nivel de representación tenía la CGE 30 años más tarde, en 2003?

 –Teníamos muy poca representación, apenas unas cuantas federaciones económicas provinciales. Las federaciones económicas provinciales eran la expresión de cada distrito federal de la CGE. De hecho, en el ’53, José Ber Gelbard era Secretario de la Federación Económica de Catamarca. Hoy hay decenas de expresiones gremiales empresarias en cada provincia, porque las federaciones económicas de algunas provincias no representan todas las ideas. Para 2003 había que bajar la cifra del ’73 en varios ceros. Pero fue suficiente el sello de la CGE como para que las dos partes se disputaran la legitimidad, hasta que en octubre del 2006 falla la Cámara Civil diciendo: "señores basta, nadie que se adjudique presidente, corremos a todas las autoridades, intervéngase y convóquese a una asamblea normalizadora en seis meses”. Interviene un gobierno peronista, pero no cualquier gobierno peronista. Un gobierno que estaba refundando la industria nacional, que estaba recuperando la noción de un productivismo moderno, de la situación territorial, con todas las dificultades que había, y que estaba entendiendo y haciendo entender la valorización del área de los servicios, de la inmensa generación de riqueza, de servicios culturales, servicios de asistencia. Todas expresiones de la economía que estaban renaciendo con el kirchnerismo.

Entonces es cuando la interviene el gobierno de Néstor Kirchner.

–Sí, Kirchner interviene la CGE en abril del 2007, cuando ya estábamos en la Confederación de la Producción, que funcionaba en el tercer piso, y que ni luces había. Yo había logrado a través de una gestión con una gente amiga obtener un crédito, un aporte no reintegrable de 100 mil dólares del Banco Mundial, para hacer un ensayo sobre disposición amigable con el medioambiente de los residuos plásticos de la agricultura en Salta, Catamarca y Tucumán. Una cosa muy linda, porque es infernal la cantidad de cosas que se tiran y las reciclábamos, con lo que obteníamos un ingreso mensual, poco, pero de eso vivía la Confederación de la Producción. Hasta que en agosto del 2007 se hace la asamblea normalizadora y asumió Daniel Millaci, presidente de la Cámara Empresaria de Autotransporte de Pasajeros, y yo era tesorero. La primera tarea fue saldar las deudas, los embargos; un desastre. Esos primeros cuatro años –los cuatro años del mandato– fueron de una actividad pobre, de no presencia, con alguna mejora en las deudas, alguna defensa en los juicios, hasta que en 2011 se llama a elecciones y la lista de consenso impone a Guillermo Gómez Galicia, que fue hombre de la CGE en los noventas y venía de Cadime, Cámara de Imágenes, que son las empresas que hacen radiografías. Entonces, el Gobierno le pone unas fichas a Guillermo Moreno, y a través de él se hace un importante acercamiento y empezamos a participar, a materializar viajes. Se hicieron dos viajes a Brasil, a San Pablo. Uno de esos viajes se hizo en tres aviones. Tres aviones llenos de empresarios argentinos. Por ese tiempo, Guillermo Gómez Galicia tuvo un compromiso de salud y presentó la renuncia. Asumió Ider Peretti y veníamos del conflicto corporativo rural.

¿El conflicto con el campo influyó, internamente, en la CGE?

–Fue una divisoria de aguas. Pero teníamos a Ider Peretti. Peretti, presidente de la Sociedad Rural de Morteros, en aquellos episodios donde del "tótum” de las expresiones rurales de la Argentina quería que renunciara el presidente de la Nación, era el único que decía "no muchachos”. Había algunos otros en realidad, pero él era una figura visible, importante en el núcleo de la cuenca lechera de toda la zona Córdoba y Santa Fe, Rafaela, Sunchales, además de las de Buenos Aires. Y ese mismo día crea la CAP, Corporación Argentina de Productores, donde trata de juntar a productores, pero también entiende, sobre fines de 2011, que más allá de su corazón y militancia peronista, de su cariño entrañable a Cristina, el sólo sello es útil un poco, pero que si no hay miles de empresarios que digan "nosotros creemos que hay que reinvertir acá adentro, que hay que mejorar la tecnología, que tenemos que hacer paritarias con los trabajadores”, la cosa no funciona. Esa lógica moderna es, finalmente, cómo se entiende la generación de riquezas: en Alemania, los trabajadores participan, por norma, en los directorios de las empresas. Esos miles de empresarios que se necesitan tendrían que ser la vanguardia de lo que merece una nueva denominación, distinta de burguesía nacional. Hacemos política, somos paritarios y somos hermanos de los trabajadores. No solamente paritarios, somos hermanos: tu suerte es la mía y mi suerte es la tuya.

En ese sentido, un referente histórico fue José Ber Gelbard, que planteaba socializar los ingresos, pero no la propiedad, aumentando salarios y productividad. Gelbard tuvo muchos opositores. ¿Hay empresarios que se oponen a aquellas ideas?

–Por supuesto. No están de acuerdo, porque no quieren estar de acuerdo. Entonces, esa lógica se ha empezado a imponer desde la comisión de la CGE: la hermandad con los trabajadores, la lógica productiva paritaria con los trabajadores empresarios, la pluralidad, la diversidad y la unidad, que en los últimos meses ha tenido manifestaciones verdaderamente importantes. Porque va calando la idea de que hacemos más todos juntos, esta lógica moderna de que el trabajador es hermano del empresario y de que el empresario es hermano del trabajador. Con esta lógica de la pluralidad, del no al individualismo, de privilegiar lo colectivo. Es necesario el ejercicio ideológico de ir hacia un entendimiento político diverso, de donde lo colectivo debe superar lo individual, al fin los trabajadores organizados son y han sido la columna vertebral del movimiento peronista, más allá de cualquiera otra consideración. La nueva dirigencia empresarial debe nacer en el contexto cultural de este proyecto, para consolidarlo”.

Por Francisco Balázs, para el diario Miradas al SUR”

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