Del odio al amor interesado hay un solo paso

Está claro que al decir de Rial, Silvio Zitelli no resiste ningún archivo. En contraste con el trato edulcorado que por estos días le dispensa a Lucia Corpacci, hace un año la atacaba uniéndola con Ramón Saadi, que acababa de perder la interna. Hablaba de un “acuerdo familiar”. Veamos.

POLITICA

Era evidente la intención, pegar la figura de Lucia Corpacci al devaluado Ramón Saadi, como un modo de insuflarle fuerza al cadáver ya mal oliente del FCS. Hoy en día todo cambió, después del 13 de marzo, del 14 de agosto y del 23 de octubre, Corpacci es otra persona; distinta, mejor, más linda (sobre todo si se tiene en cuenta que tiene que firmar los cheques con los que se paga la pauta publicitaria estatal). Vemos qué decía el producto de Zitelli, El Ancasti, hace un año.

Después de la interna

A diferencia de lo que ocurre con las internas del radicalismo, partido que hace 20 años ejerce el poder en Catamarca, las internas del Partido Justicialista suelen generar expectativas importantes. Es comprensible.

Los radicales no eligen sus candidatos por internas; sus disputas intestinas se realizan para definir la conducción partidaria y de ellas sólo participan los afiliados. Después, los resultados se proyectan a las negociaciones para distribuir las candidaturas entre las distintas líneas, dejando algunos casilleros para el sellerío de los "socios chicos" del FCS.

Es muy improbable que se produzca un cambio en el esquema de poder provincial a partir de las internas radicales. El sector que gobierna es el que controla el partido, aliado con el resto de los sectores de importancia. Y si en una elección general ya es dificultoso ganarle al Gobierno -nunca en Catamarca el signo político del Gobierno ha cambiado por elecciones-, en una interna cerrada, limitada al universo de afiliados, como son las radicales, resulta prácticamente imposible. A lo sumo, hay reacomodamientos menores o surge alguna figura que entusiasma fugazmente, que el Gobierno no tarda en fagocitar.

Así, el castillismo, aliado con el brizuelismo, reinó en la UCR mientras Arnoldo y Oscar Castillo gobernaron; y el brizuelismo reina ahora, que gobierna Eduardo Brizuela del Moral, aliado con el castillismo que perdió el partido después de ceder el Gobierno.

Pero aún en el hipotético caso de que el Gobierno fuera derrotado en las internas radicales, ello implicaría, como máximo, la continuidad del radicalismo en el poder con una readecuación del paquete accionario.

Distinto es en el PJ, partido de oposición que sí elige sus candidatos, salvo excepciones, a través de internas abiertas, en las que pueden participar afiliados e independientes. Cada interna del PJ supone, aunque sea remotamente, la posibilidad de disparar un proceso político que modifique el esquema de poder provincial y desemboque en un cambio del signo político del Gobierno. Que esto no haya ocurrido en dos décadas, por distintos motivos, no es suficiente para negar este potencial.

No se trata sólo de que el PJ sea el partido de oposición. Incide en las expectativas en torno a las internas justicialistas, sobre todo, el anhelo de que se abra por fin un espacio para la alternancia al radicalismo en Catamarca.

La caída de la participación del electorado en las elecciones generales expresa ese anhelo en la misma medida que la impotencia opositora para darle respuesta.

Una interna particular

El PJ ha elegido ya sus candidatos a través de unas internas muy particulares, en las que quedaron excluidas, por decisión propia, las facciones del gastronómico Luis Barrionuevo y el kirchnerismo, que, sin embargo, jugó con apoyo logístico a través de la vertiente que lideran Armando "Bombón" Mercado y la senadora nacional Lucía Benigna Corpacci.

Se sabe: la alianza Renovación y Alternativa Peronista, con el diputado Jorge Moreno como candidato a Gobernador, se impuso sin atenuantes sobre el saadismo, que propuso -como siempre- a Ramón Saadi.

Saadi no pudo digerir la derrota, denunció un gigantesco fraude y pidió la intervención del partido. Además, blanqueó la alianza que tenía con el kirchnerismo "bombonista" a través de su prima Corpacci, cuyos indicios eran notorios antes del comicio.

El acuerdo familiar se puso de manifiesto en 2009, cuando Lucía Corpacci, candidata a senadora nacional, en presencia de un alarmado Néstor Kirchner, invitó a Saadi a sumarse al palco del cierre de campaña catamarqueño, insistentemente, al grito de "suba, Ramón". Una escena que rozó el grotesco.

Ya en 2010, la prima Lucía desistió enfurecida de participar en la reunión donde el ministro del Interior, Florencio Randazzo, bajó la orden K para que el Frente para la Victoria no se presentara en las internas del PJ local, debido a que la Casa Rosada se negó a aceptar una alianza a cara descubierta con Saadi.

Corpacci, no obstante, puso a su gente a trabajar para su primo Ramón en la interna. Y de este modo, perdió con él.

Los sepultureros

El odio que destiló Saadi después de su último fracaso revela la magnitud de la derrota familiar, que comparte con Corpacci. No se guardó ningún adjetivo: "banda de delincuentes", "cleptómanos", "basuras", "bostas", "seres inferiores". No pudo controlar su rencor.

Al hombre le resulta intolerable, primero, que le haya ganado Moreno, quien supo ser uno de los más caracterizados integrantes de su entorno. No lo soporta porque subestimó a Moreno, como subestima a todos, inmerso en la fantasía, autoalimentada, de que es todavía un dirigente de importancia a pesar de sus incontables derrotas y del rechazo que su figura genera a nivel nacional.

Sin embargo, no fue derrotado por Moreno, sino por una alianza compuesta por numerosos intendentes, dirigentes con experiencia política -como el propio candidato a Gobernador victorioso- y nuevos actores.

El armado demostró su eficacia. Sus integrantes forman parte de una generación diferente a la que Saadi integra. Una generación que viene a enterrarlo y que le ha dado en las internas un golpe casi definitivo. Es la misma generación del diputado nacional Dalmacio Mera, elegido el año pasado.

Este es un hecho saliente en el PJ. El protagonismo empieza a ser ganado por la generación más joven, menores de 50 años. No les falta ambición ni audacia.

A Saadi le ganaron sus sepultureros, con un dato adicional: no estuvieron apadrinados por ningún esquema nacional. Armaron solos, en función del poder de fuego de las intendencias y una lectura que finalmente se reveló correcta: todos los que querían desembarazarse de Saadi ficharon allí.

Saadi, en cambio, contó con el respaldo de su prima Lucía y el kirchnerismo "bombonista". Apuesta, todavía, a que el kirchnerismo lo resucite.

Sin liderazgos

Pero no ha surgido un liderazgo claro de la interna del PJ. No ha surgido para el PJ y mucho menos para el peronismo. Esta carencia es el principal déficit justicialista: no ha servido la interna para consagrar una voluntad política con predicamento suficiente para unificar a las diferentes tribus, sea por la seducción, sea por la fuerza.

Votaron, según la Junta Electoral, más de 26 mil personas. Una cifra relevante. Sin embargo, no alcanza. Es más lo que queda por andar que lo andado, si el objetivo es el Gobierno provincial.

La derrota de Saadi es insuficiente para canalizar el anhelo de alternancia. La oposición todavía tiene pendiente la tarea de estructurar una propuesta competitiva para enfrentar al FCS con posibilidades de éxito ¿Podrá hacerlo hasta marzo?

El radicalismo descuenta que no. Confía en que la división del voto opositor se profundizará en la pelea por la jefatura vacante, ahora con nuevos protagonistas. Y que se extenderá más allá de las elecciones provinciales.

La política siempre puede dar sorpresas. Pero al Gobierno no le faltan motivos para el optimismo.

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