Con Oscar Cardozo se fue uno de los creativos más tenaces de Catamarca
A la edad de 73 años, dejó de existir el entusiasta creativo y comerciante catamarqueño Oscar Cardoso, una auténtica personalidad de las artes, quien desde el oficio de grabador hizo su forma de vida, recorriendo un trascendente camino que hoy perpetúa su recuerdo a través de distintas obras, tanto en esta Capital, otros pueblos provincianos y su amado El Rodeo, natal.
Qué entidad o personaje destacado de Catamarca no tuvo alguna vez una placa, un diploma, un logo, un letrero, un cartel o una distinción nacidos de la inventiva y de las manos de este incansable innovador, que entre sus principales creaciones registra la del histórico trencito "Pirulín”, que fue el deleite de los chicos capitalinos entre los ‘70 y ’80, partiendo de la recordada "estación” de "La Alameda”, a la vuelta de su casa, por la calle San Martín, frente a la administración de Vialidad Provincial.
Nacido en El Rodeo, el 15 de octubre 1943, Oscar Enrique Cardozo fue artesano, dibujante y empecinado comunicador, además de propietario -junto a su familia- de uno de los hospedajes más tradicionales de nuestra principal villa veraniega: "Oscar”, que con su solo nombre era una marca registrada, más tarde extendido al salón recreativo de enfrente, apenas cruzando la calle Las Maravillas.
Entre sus creaciones para espacios públicos, sobresale El Molino levantado en la vereda de su emprendimiento comercial rodeino, el monumento de la Virgen del Valle ubicado en la ruta provincial Nº 16 camino a la Puerta, El Sol de Bienvenida en el acceso a El Rodeo, las Estaciones del Vía Crucis en el ascenso al Cristo Redentor de esa tradicional villa turística y el monumento al Quijote de la Mancha, como si fuera una expresión de autoreferencia en la plaza Virgen del Valle, frente a la Universidad Nacional de Catamarca (UNCa.)
Con "El Quijote de la Mancha” del genial Miguel de Cervantes Saavedra, Cardozo quiso demostrar que en algún tiempo "había existido este caballero andante, socorriendo a los débiles y haciendo reinar la justicia para los seres comunes”, como el mismo describió, explicando su obra en una entrevista periodística.
Sobre su variada ductilidad creativa, decía que "en mí fue una condición natural, es un don que me dio Dios, por eso he dedicado mi vida a la comunicación visual, a expresarme mediante figuras, dibujos en las más diversas materializaciones”, contando que "con esto comencé a los 16 años, acá en Catamarca, y luego en Tucumán donde estudié en el Colegio del Sagrado Corazón”.
"Tanto me gustaba lo mío que en la escuela andaba mal, vivía dibujando y me distraía con mis lápices. Esto me ‘copó’ desde muy niño, y desde chico me daba cuenta que era algo que me superaba, no lo podía dejar”, señalaba.
Acerca de los referentes que tuvo en su formación, Cardozo citaba al profesor Roberto Gray "a quien veía con gran admiración…, me apasionaban por su técnica y su vocación”, y "también me guié mucho con Luis Varela Lezana, por sus obras, sus expresiones tan enraizadas con nuestro pasado”.
Y al preguntársele si se sentía satisfecho con su trayectoria, Oscar enfatizaba; "Sí, plenamente…”, remarcando que "la mía ha sido una vida de lucha, de emprender cosas, y estoy feliz porque mi ciudad me regaló la oportunidad de poder desarrollarme con mi trabajo, de tener aquí mi propio medio de vida”.
Esa vida que, aunque materialmente haya determinado su partida hacia espacios celestiales -como él estaba convencido-, lo mantendrá indubitablemente presente a través de todo lo que creó y nos dejó como legado a todos los catamarqueños.