La OSEP, la Fundación Favaloro, el juramento hipocrático y la medicina como negocio
La fabricación de autos, heladeras, lavarropas, zapatos, bebidas, gaseosas, caramelos o chorizos es un negocio como cualquier otro en el cual hay quienes compran y quienes pagan. Los hay que fían y otros no. Hay quienes cumplen con el fiado y otros lerdean el pago y hay reclamos y ocasionales incidentes precisamente por falta de pago. Ningún negocio está para fiar y no cobrar. Eso sería un mal negocio, dicho aunque parezca una perogrullada.
A grandes rasgos y si entrar en mayores detalles es lo que aconteció días tras con una paciente de la OSEP y la Fundación Favaloro.
Según pudo saberse, una afiliada a la OSEP había sido derivada a Buenos Aires a los efectos de someterse una operación en la prestigiosa Fundación Favaloro, considerada como una de las instituciones científicas más importantes del país y una de las más famosas del mundo pero ocurrió que a la paciente le anularon el turno para la cirugía debido a que la OSEP estaba muy atrasada en los pagos. Vale decir: no cumplió con el fiado y le cortaron el crédito.
La OSEP ha sido noticia desde siempre. Ya sea por la pésima atención que brinda a sus asociados y que da motivo a reiteradas quejas, o por contratar una ambulancia en Córdoba para trasladar un paciente a La Docta cuando en Catamarca hay ambulancias habilitadas, entre otras cosas.
En los últimos tiempos la OSEP se convirtió en “noticia de tapa” que se reflejó en todos los medios a raíz de un escándalo desatado con motivo de compras millonarias de medicamentos oncológicos a laboratorios no habilitados.
Para colmo de males, han aparecido cheques “a fecha” emitidos por la OSEP en poder de usureros.
Por cierto, hay una investigación en marcha y el Presidente de la obra social, Arturo Aguirre, se halla bajo sospecha .entre otras cosas. de “incumplimiento de los deberes de funcionario público”
Los investigadores aguardan el pronunciamiento del Juez Electoral para determinar si Aguirre tiene o no “fueros parlamentarios” a raíz de que resultó electo diputado en las elecciones del pasado 13 de marzo.
Así las cosas y observando desde distintos puntos de vista advertiremos que los fabricantes mencionados al comienzo de este envío no han formulado ningún “juramento”, como el solemne “juramento Hipocrático” que hacen los médicos entre los cuales y a no dudarlo están los profesionales de la Fundación Favaloro y es precisamente esta circunstancia la que nos mueve a preguntar: ¿Hasta qué punto ha sido correcta la actitud de la Fundación suspendiendo una cirugía como forma de presión para cobrar una deuda? ¿En qué tramo del juramento hipocrático figura la actitud que deben adoptar los profesionales de la medicina cuando alguien les adeuda dinero y no paga?
Si el incumpliendo de la OSEP es criticable y digno de censura, el “corte de servicio” por parte de la Fundación nos parece absolutamente reprochable.
Nos parece que lo correcto hubiese sido intervenir quirúrgicamente a la paciente y luego advertirle a la OSEP sobre la suspensión de la atención médica hasta tanto no abonen lo adeudado.
En lugar de ello, funcionaron de acuerdo al “área comercial” de la Fundación, donde no hay médicos juramentados con el famoso Hipócrates que viera la luz en una isla griega cuatrocientos ochenta años antes de Cristo. Los administrativos de la Favaloro actuaron como cualquier empresario que protege sus intereses. Igual que Edecat: si no se pagan las facturas, cortan el suministro. Así de fácil.
Lo lamentable de todo esto es que en el medio estuvo una mujer necesitada de atención médica altamente especializada que se vio sometida una demora –a nuestro entender-, totalmente injustificada.
Queda la amarga sensación de que la medicina se maneja con el famoso “business is business” porque a Don Hipócrates se lo llevó por delante el crudo mercantilismo que funciona en estos tiempos.