Papa Francisco: “Pongan en juego su vida por los grandes ideales”
Mensaje del Sumo Pontífice Francisco para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones (IV Domingo de Pascua - 11 de mayo de 2014).
"Queridos hermanos y hermanas:
1. El Evangelio relata que "Jesús recorría todas las
ciudades y aldeas... Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque
estaban extenuadas y abandonadas "como ovejas que no tienen pastor”. Entonces
dice a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son
pocos; rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la
cosecha”. Estas palabras nos sorprenden, porque todos sabemos que primero es
necesario arar, sembrar y cultivar para poder luego, a su debido tiempo,
cosechar una mies abundante. Jesús, en cambio, afirma que "la cosecha es
abundante”. ¿Pero quién ha trabajado para que el resultado fuese así? La
respuesta es una sola: Dios. Evidentemente el campo del cual habla Jesús es la
humanidad, somos nosotros. Y la acción eficaz que es causa del "mucho fruto” es
la gracia de Dios, la comunión con él. Por tanto, la oración que Jesús pide a
la Iglesia se refiere a la petición de incrementar el número de quienes están
al servicio de su Reino. San Pablo, que fue uno de estos "colaboradores de
Dios”, se prodigó incansablemente por la causa del Evangelio y de la Iglesia.
Con la conciencia de quien ha experimentado personalmente hasta qué punto es inescrutable
la voluntad salvífica de Dios, y que la iniciativa de la gracia es el origen de
toda vocación, el Apóstol recuerda a los cristianos de Corinto: "Ustedes son
campo de Dios”. Así, primero nace dentro de nuestro corazón el asombro por una
mies abundante que sólo Dios puede dar; luego, la gratitud por un amor que
siempre nos precede; por último, la adoración por la obra que él ha hecho y que
requiere nuestro libre compromiso de actuar con él y por él.
2. Muchas veces hemos rezado con las palabras del salmista:
"Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño”; o también: "El
Señor se escogió a Jacob, a Israel en posesión suya”. Pues bien, nosotros somos
"propiedad” de Dios no en el sentido de la posesión que hace esclavos, sino de
un vínculo fuerte que nos une a Dios y entre nosotros, según un pacto de
alianza que permanece eternamente "porque su amor es para siempre”. En el
relato de la vocación del profeta Jeremías, por ejemplo, Dios recuerda que él
vela continuamente sobre cada uno para que se cumpla su Palabra en nosotros. La
imagen elegida es la rama de almendro, el primero en florecer, anunciando el
renacer de la vida en primavera. Todo procede de él y es don suyo: el mundo, la
vida, la muerte, el presente, el futuro, pero -asegura el Apóstol- "ustedes son
de Cristo y Cristo es de Dios”. He aquí explicado el modo de pertenecer a Dios:
a través de la relación única y personal con Jesús, que nos confirió el
Bautismo desde el inicio de nuestro nacimiento a la vida nueva. Es Cristo, por
lo tanto, quien continuamente nos interpela con su Palabra para que confiemos
en él, amándole "con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el
ser”. Por eso, toda vocación, no obstante la pluralidad de los caminos,
requiere siempre un éxodo de sí mismos para centrar la propia existencia en
Cristo y en su Evangelio. Tanto en la vida conyugal, como en las formas de
consagración religiosa y en la vida sacerdotal, es necesario superar los modos
de pensar y de actuar no concordes con la voluntad de Dios. Es un "éxodo que
nos conduce a un camino de adoración al Señor y de servicio a él en los
hermanos y hermanas” .Por eso, todos estamos llamados a adorar a Cristo en
nuestro corazón para dejarnos alcanzar por el impulso de la gracia que anida en
la semilla de la Palabra, que debe crecer en nosotros y transformarse en
servicio concreto al prójimo. No debemos tener miedo: Dios sigue con pasión y
maestría la obra fruto de sus manos en cada etapa de la vida. Jamás nos
abandona. Le interesa que se cumpla su proyecto en nosotros, pero quiere
conseguirlo con nuestro asentimiento y nuestra colaboración.
3. También hoy Jesús vive y camina en nuestras realidades de
la vida ordinaria para acercarse a todos, comenzando por los últimos, y
curarnos de nuestros males y enfermedades. Me dirijo ahora a aquellos que están
bien dispuestos a ponerse a la escucha de la voz de Cristo que resuena en la
Iglesia, para comprender cuál es la propia vocación. Los invito a escuchar y
seguir a Jesús, a dejarse transformar interiormente por sus palabras que "son
espíritu y vida” María, Madre de Jesús y nuestra, nos repite también a
nosotros: "Hagan lo que él les diga”. Les hará bien participar con confianza en
un camino comunitario que sepa despertar en ustedes y en torno a ustedes las mejores
energías. La vocación es un fruto que madura en el campo bien cultivado del
amor recíproco que se hace servicio mutuo, en el contexto de una auténtica vida
eclesial. Ninguna vocación nace por sí misma o vive por sí misma. La vocación
surge del corazón de Dios y brota en la tierra buena del pueblo fiel, en la
experiencia del amor fraterno. ¿Acaso no dijo Jesús: "En esto conocerán que son
mis discípulos: si se aman unos a otros”?
4. Queridos hermanos y hermanas, vivir este "alto grado” de
la vida cristiana ordinaria, significa algunas veces ir a contracorriente, y
comporta también encontrarse con obstáculos, fuera y dentro de nosotros. Jesús
mismo nos advierte: La buena semilla de la Palabra de Dios a menudo es robada
por el Maligno, bloqueada por las tribulaciones, ahogada por preocupaciones y
seducciones mundanas. Todas estas dificultades podrían desalentarnos,
replegándonos por sendas aparentemente más cómodas. Pero la verdadera alegría
de los llamados consiste en creer y experimentar que él, el Señor, es fiel, y
con él podemos caminar, ser discípulos y testigos del amor de Dios, abrir el
corazón a grandes ideales, a cosas grandes. "Los cristianos no hemos sido
elegidos por el Señor para pequeñeces. Vayan siempre más allá, hacia las cosas
grandes. Pongan en juego su vida por los grandes ideales”. A vosotros obispos,
sacerdotes, religiosos, comunidades y familias cristianas les pido que orienten
la pastoral vocacional en esta dirección, acompañando a los jóvenes por
itinerarios de santidad que, al ser personales, "exigen una auténtica pedagogía
de la santidad, capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona. Esta pedagogía
debe integrar las riquezas de la propuesta dirigida a todos con las formas
tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas más recientes
ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Iglesia”.
Dispongamos por tanto nuestro corazón a ser "terreno bueno”
para escuchar, acoger y vivir la Palabra y dar así fruto. Cuanto más nos unamos
a Jesús con la oración, la Sagrada Escritura, la Eucaristía, los Sacramentos
celebrados y vividos en la Iglesia, con la fraternidad vivida, tanto más
crecerá en nosotros la alegría de colaborar con Dios al servicio del Reino de
misericordia y de verdad, de justicia y de paz. Y la cosecha será abundante y
en la medida de la gracia que sabremos acoger con docilidad en nosotros. Con
este deseo, y pidiéndoles que recen por mí, imparto de corazón a todos la
Bendición Apostólica”.
Vaticano, 18 de enero de 2014
Francisco