“Pasan como loco”: las escuchas que revelaron cómo operaba la banda de los billetes falsos
Seis personas fueron detenidas y acusadas de hacer circular pesos y dólares truchos en Buenos Aires. El grupo empleaba una camioneta para movilizar a los “pasadores” y utilizaba frases en clave para evitar ser descubierto.
Viviana Estela Ríos tiene 61 años y vive en la localidad bonaerense de Florida. Está registrada en el rubro de elaboración de comidas preparadas para reventa y no posee deudas bancarias ni movimientos llamativos en billeteras virtuales. Su perfil en organismos oficiales no arroja indicios de una persona ligada al delito. Sin embargo, desde hace más de un año quedó en el centro de una investigación que expuso el funcionamiento de una banda dedicada a poner en circulación billetes falsos en distintos puntos de Buenos Aires.
Ríos fue detenida en abril del 2025 tras intentar comprar en un comercio de Vicente López con un billete trucho de $20 mil. Aquella caída, que en principio parecía un caso aislado, abrió la puerta a una trama mucho más amplia.
La causa avanzó bajo la órbita del Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional N°1 de San Martín, a cargo de Emiliano Canicoba, con la intervención de la Secretaría N°2 de Florencio Phinero y la División Falsificación de Moneda de la Policía Federal Argentina (PFA). Según fuentes policiales, el seguimiento sobre Ríos permitió identificar a otras cinco personas, todas mayores de edad, que formaban parte de la organización a la que se bautizó “Los Falsimuladores”.
La investigación reveló la estructura y los movimientos de la banda. El grupo estaba encabezado por Rubén Salvador Stochetti, de 63 años, pareja de Ríos y dueño de un taller mecánico-tornería donde se reunían algunos de los integrantes. Junto a ellos, fueron identificados Samanta Ciccola (44), Facundo Ariel López (28), Jonathan Javier Fren (27) y Rubén Oscar De Rosa (64). Todos tenían antecedentes relacionados con delitos de falsificación.
Las escuchas telefónicas fueron clave para reconstruir cómo se organizaban y avanzaban con las maniobras. El método era simple pero efectivo. Usaban una camioneta Fiat Fiorino para trasladar a los llamados “pasadores”, que bajaban en diferentes puntos para hacer compras en comercios y locales del Área Metropolitana y el interior bonaerense, abonando con el dinero trucho.
Para evitar que el vehículo sea vinculado a las estafas, el chofer estacionaba a unos cien metros de distancia y los pasadores descendían por puertas laterales o la trasera.
De acuerdo a fuentes del caso, los roles estaban bien definidos: Stochetti organizaba y manejaba la camioneta, Ríos y Ciccola actuaban como pasadoras, mientras que López, Fren y De Rosa cumplían tareas de distribución y apoyo.
Los integrantes usaban frases en clave para referirse a la circulación de los billetes y para coordinar los encuentros. “Ir a trabajar”, “vamos a desayunar”, “vamos a almorzar o merendar” y “nos vamos a pasear un rato” eran expresiones habituales. Se referían al dinero apócrifo como “material” o “papeles”.
En una charla, uno de los acusados resumió el funcionamiento con una frase: “Estuve viendo el tema de los papeles. Pasan como loco”.
En las comunicaciones también se advertían los recaudos que tomaban. “Mirá que estás hablando de línea, eh, no de WhatsApp”, le advirtió Stochetti a Ríos en una de las conversaciones.
En otra, al sentirse observada, Ciccola le pidió a uno de sus dos hijos —que también estuvieron involucrados en las maniobras—: “Me estoy volviendo para Buenos Aires. Le están sacando fotos a la casa de Rubén, con carpa andá a mi casa y fijate si ves algún auto raro, o si están sacando fotos. Ahí le mandé mensaje a Jey Jey para que ni se arrime a Olivos. No hablen con Jey Jey, no se arrimen a Jey Jey que estamos todos caminados”.
Ese temor a ser descubiertos incluso llevó a que dejaran de usar sus líneas y limitaran los movimientos durante un tiempo, según pudo saber este medio.
En otra oportunidad, un incidente con un billete falso en un almacén de Olivos generó preocupación en la banda. La propia Ciccola reprendió a uno de sus hijos por la exposición: “Fuiste al almacén, la mamá trabaja en el jardín donde iba [...], la llamó a [...], le dijo: ‘El hijo de Samanta le dio 100 lucas truchas a mi hija, la tengo a mi hija con un ataque de pánico’”.
Justamente Ciccola, que registra deudas en el sistema financiero y figura en Situación 5 (Irrecuperable), la calificación más grave según la Central de Deudores del Banco Central, viajó este verano a Villa Gesell junto a su familia. Allí también pagó servicios y consumos con el dinero trucho, a tal punto que se le acabaron los billetes. Por eso, llamó a otro integrante de la organización y le propuso: “Si Rubén me trae material, yo alquilo algo para vos y para mí”.
La estructura interna quedó expuesta a partir de las intervenciones policiales. Toda la información recabada durante la investigación desembocó en cinco allanamientos en domicilios de Olivos, Florida Oeste y Martínez. Del procedimiento participaron brigadas de la División Antifraude y de Lavado de Activos, junto al Departamento Federal de Investigaciones.
El resultado fue la detención de los seis acusados y el secuestro de 120 billetes truchos de $20 mil, 36 billetes falsos de 100 dólares, nueve celulares y la camioneta utilizada en los recorridos.
Según los partes oficiales, los acusados no tenían actividades laborales estables ni ingresos lícitos registrados. La circulación de estos billetes era su principal fuente de sustento económico.
Tras las detenciones, el Juzgado dispuso el traslado de los imputados al Servicio Penitenciario Federal, en el marco de una causa por asociación ilícita, encubrimiento y falsificación de moneda nacional y extranjera.