La Peatonal Rivadavia necesita un servicio permanente de limpieza

La Municipalidad de la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca dispuso efectuar un operativo de limpieza en un sector de la Peatonal Rivadavia. Se movilizaron elementos de trabajo y personal. 

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Y se le dio amplia difusión al operativo, cosa que se justifica si tenemos en cuenta que ya estamos viviendo tiempos preelectorales y el intendente Guzmán podría ser candidato a gobernador si el actual mandatario renuncia una probable –y tal vez tentadora-, tercera reelección.

Se supone que el resto de la Peatonal será objeto de un tratamiento similar al que motiva estas líneas.

Ocurre que a partir de la excelente recuperación de la vieja estación de trenes hallamos la posible generación de un espacio diverso del cual –obviamente-, se tendría que ocupar un cuerpo interdisciplinario encabezado por expertos en urbanismo.

De lo que se trata es de considerar un ámbito exclusivo, integrado por la vieja estación, la Plaza 25 de Agosto, la Peatonal Rivadavia, la Plaza 25 de Mayo y el sector histórico-religioso formado por la Catedral Basílica y la Casa de Gobierno.

Una suerte de “mini barrio” enclavado en pleno centro de la ciudad, con un servicio de barrido y limpieza propio al igual que un cuerpo de inspectores municipales sobre los cuales nos ocuparemos más adelante.

Los encargados de la limpieza, durante el día, se ocuparían de mantener limpia la calzada  utilizando algún tipo de carrito y utilizando canastos para desperdicios estratégicamente ubicados y fáciles de remover para su volcamiento.

En horas de la noche, personal en cantidad suficiente y dotado de elementos de trabajo procederían a higienizar prolijamente la peatonal en toda su extensión. Con el agregado de que esos grupos de trabajadores, con la peatonal iluminada, desalentarían en cierto modo el accionar de vándalos y delincuentes que suelen elegir la peatonal para sus fechorías.

Con relación  al cuerpo de inspectores estaría integrado por personas de ambos sexos, jóvenes, de buena presencia y buenos modales, Capacitados para actuar en caso que una persona se descompense y la contengan hasta que lleguen auxilios médicos.

Habilitados –también-, para vigilar la instalación de vendedores ambulantes y la distribución de mercadería de contrabando, apoyados –llegado el caso-, por funcionarios de la AFIP y efectivos policiales.

Con una vestimenta que los identifique fácilmente deberán estar instruidos para brindar información certera a los turistas sin mengua de conocer sobre las paradas de los colectivos, de los taxis y todo aquello que puede ser necesario en ese mundillo en que se convertiría la Peatonal Rivadavia y los anexos señalados.

Nos apresuramos a aclarar que no se trata de un acto de “discriminación urbanística”.  Es probable que en otros sectores de la ciudad se puedan implementar ámbitos como el propuesto en la presente. Algo que –de movida-, correría por cuenta de los munícipes capitalinos, idóneos en determinar sectores proclives a formar parte de lo que hemos denominado –tentativamente por cierto-, “mini barrio”.

Es evidente que la ciudad capital requiere cambios más o menos profundos. Con sus calles estrechas y  decenas de miles de automotores tratando de circular en ellas, cualquier cosa que se haga puede dar buenos resultados.

¿Valdrá la pena hacer la prueba?

 

 

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