Penurias del silencio íntimo: Apreciaciones del pensador Luis Edgardo Quiroga

Andalgalá © La complejidad de la violencia familiar y la visualización de este tipo de violencia, va observándose en la medida en que se va haciendo público, lo privado.

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De acuerdo con la división de la esfera pública y privada puede contrastarse con lo que se han denominado intereses individuales e intereses públicos o de bienestar general, y hasta hace muy poco lo que ocurriera dentro de la familia no era algo de interés general.

La frase "núcleo familiar” implicaba cierto pudor y recato en algo que se debía proteger, ayudar, pero nunca entrar en él, pues este espacio correspondía en palabras, al Mundo de la Vida, aquí encontramos contextos de acción socialmente integrados, que se explican con ciertos acuerdos y normas de convivencia asumidos por los mismos miembros de una familia y que hasta hace muy poco no hacían parte del debate público.

La violencia familiar es el abuso que ejerce uno de los miembros de la familia sobre los otros. Puede ser física, sexual o psicológica, y causar daño, sufrimiento físico, sexual y psicológico. Esto quiere decir que la violencia doméstica involucra desde castigos, gritos, insultos, golpes, malos tratos, hasta la violación y muerte de alguno de los miembros. Vista así, no es un fenómeno que pueda aislarse por cada miembro que conforma la familia pues en un grado más alto o bajo, afecta a todos y todas.

La violencia familiar, precisamente, permite observar en la intimidad de la agresión, a hombres y mujeres, adultos y jóvenes, divididos en una lucha violenta por la adquisición o preservación de un espacio de poder, por una oportunidad para el ejercicio de la autoridad, por un instante de dominio de las circunstancias, de los recursos o de los sentimientos: claro está que en medio de una intensa e infortunada manifestación de las inseguridades, dolores, frustraciones y deseos de control de cada quien, se encuentra el estado de vivencia interior de los protagonistas.

En el  círculo del maltrato conyugal,  según el cual se presenta primero un episodio de agresión, posteriormente  un periodo de arrepentimiento por parte del agresor, se piden disculpas y la víctima le cree; luego se produce nuevamente un periodo de acumulación de tensiones hasta que viene otro episodio de agresión. Este círculo vicioso nos da la idea de que la violencia familiar es cíclica, y allí está la dificultad de salir y tener conciencia de que existe, o que episodios de violencia han sido tolerados, pues siempre habrá la promesa del cambio. De ahí la importancia de actuar sobre las causas y no hacia la forma cómo se manifiesta la violencia.

El maltrato que se ejerce al resto de los miembros de la familia puede involucrar, maltrato a los adultos mayores, otros miembros de la familia extensa (tíos, sobrinos, etc. que vivan en el mismo sitio), hijos/as (puede configurarse tanto el maltrato como el abuso sexual), en este último caso intervenir en la familia es sumamente delicado y requiere de un apoyo profesional continuado. El estudio de la problemática de la violencia familiar no es aislado y hay diversos enfoques que han tratado de explicar sus orígenes y las razones por las cuáles un espacio como el entorno familiar puede convertirse en escenario hostil y amenazante.

En este sentido, su complejidad exige una mirada interdisciplinaria por sus características de multicausal, una visión que dé cuenta de los factores culturales y sociales, de las determinaciones económicas que hacen parte del entorno familiar, pero también de las dimensiones individuales que definen la personalidad, tanto del agresor como del agredido.

Atender la violencia familiar, que hoy nos acompaña, es tarea de todas y todos. Orientar en forma adecuada acerca de la formación integral de estos sectores de la población es una inversión invaluable en la construcción de un futuro de mayor equidad entre hombres, mujeres.

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