“Pepe” Serrano pone a rodar la vida en cada vuelta al sol

Un mundo distinto, en donde no existe el reloj, donde el tiempo es disfrutar del aire que respiramos y llegar a conocer lo desconocido, aquello que no imaginamos pero que llena inmensamente el corazón.

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En julio se cumplirán cuatro años que Arnoldo “Pepe” Serrano recorre numerosos paisajes en su bicicleta, especialmente equipada para “hacer noche” donde pueda o la naturaleza lo permita.

Llegó a Catamarca el jueves 6 de febrero, al salir de Santa Fe y pasar por Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy, para continuar su recorrido el sábado 8 hacia La Rioja y luego recorrer varias provincias hasta llegar a Neuquén.

¿Cómo nació esta historia?

Es lo primero que preguntamos al creer que se trataba de una alocada idea de un personaje de casi 82 años (cumple el 23 de marzo). Pero todo va más allá de esas dos ruedas contra el asfalto en las rutas.

Pronto a celebrar un año más de vida, oriundo Concordia, provincia de Entre Ríos, con cabello color nieve y barba de sabio, tiene tres hijos y tres nietos a los que siempre lleva presentes, y en cuanto la señal se lo permite, les envía mensajes para decir que ya cumplió una de sus tantas metas junto a su mejor amiga, la bicicleta.

Empecemos por el principio. Toda una vida dedicada al trabajo. Participó en construcciones como las del dique subfluvial de Paraná, Santa Fe. Después trabajó en Necochea, en el Chocón Cerro Colorado donde estuvo seis años. En el año 1982, le dijeron que tenía que ir a Yaciretá, pero se negó para que sus hijas puedan estudiar en una ciudad como Concordia, donde finalmente se quedó.

El destino iba a llevarlo a tomar otros rumbos. Decidió con su cuñado poner un negocio de ventas de sandwichs, lo que hizo durante cuatro décadas, toda una vida.

Un día, cuando Pepe ya tenía 77 años, decidió ponerle punto final a su vida laboral. ¿Por qué? Es que el reloj seguía corriendo, el mismo que veía todas las mañanas al despertar y emprender un nuevo día pensando en el negocio familiar como un método común de subsistencia.

La decisión seguramente no fue fácil, pero todos los años el balance era el mismo, atenerse a las reglas del juego del Estado, llegar a fin de mes para cumplir con los impuestos y seguir manteniendo el negocio que le iba consumiendo el tiempo. “Un día dije basta, ya tengo 77 años, quiero disfrutar de la vida, no tener obligaciones”, expresó en una charla íntima con Catamarca Actual.

“Una forma de vida”

Cuando se encuentra en su querida Concordia, Pepe no quiere estar al frente del televisor, ni tomando un café en el bar con amigos, ni mucho menos sentarse a esperar que el sol dé la vuelta sin haber respirado eso que él le llama vida.

Por eso, decide todos los días caminar 10 kilómetros, 5 a la mañana y 5 a la noche, como para no perder la costumbre de seguir en movimiento cuando su bicicleta descansa.

Una mañana soleada, cuando recorría varios kilómetros en su bicicleta por su provincia, comenzó lo que iba a transformarse en poco tiempo en su “forma de vida”, renunciar a las comodidades a las que cualquiera está acostumbrado.

“Un día me cansé de recorrer los mismos caminos y empecé a preparar mi equipo, repetía los paisajes, y quería conocer nuevos lugares, quería andar y andar”, confesó. Y así fue. Preparó su bicicleta, la que lleva cargada de las provisiones necesarias para cuando los pedales dejen de rodar y su cuerpo necesite descansar.

“Los últimos caramelos de la bolsa”

Así como un niño que no quiere que los caramelos se le acaben, así Pepe metaforiza con su vida. Como si los caramelos de la bolsa fueran cada uno de los días que va viviendo y que aprendió a saborear con el paso del tiempo. Nadie quiere terminarlos, él tampoco, pero eso un día ocurrirá.

“Encontré la forma de disfrutar estos últimos caramelos que me quedan en la bolsa. Cuando sos joven tenés una bolsa llena de caramelos y los desperdicias. En este momento, encontré una forma de vida. Tengo planificados varios caminos para recorrer y eso es parte de mi vida”, dijo.

Mientras en las grandes ciudades, los trajes y corbatas abundan, las corridas y la vista al reloj son comunes, en las oficinas no se oyen los cántaros de los pájaros ni el murmullo de las brisas cualquiera sea la estación del año. Mientras los bocinazos del día no faltan porque los chicos llegan tarde a la escuela o porque el despertador sonó tarde y nos quedamos un ratito más a hacer fiaca cuando los jefes esperan para tomar asistencia, y se corre tan rápido que nos olvidamos de las miradas, de las charlas, así como ocurre cuando el celular y las redes sociales son más importantes que el compartir un abrazo, un gesto o prestar el oído a la naturaleza.

Así cuando todo eso transcurre, Pepe prepara sus cositas, pocas, para no llevar mucho peso, y solo un sueño, vivir la vida a su manera: “Es lo mejor que pude haber logrado para los años que me restan, disfrutar los caramelos de la bolsa”.

 

 

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