A pesar de todo lo que se dijo, “ni un pollo se me ha muerto”
Don Tito conoce la zona. Tiene el cuerpo curtido por las soledades y el clima y también tiene el corazón cargado de emociones y de amor por ese lugar en el mundo, por su lugar en el mundo. Nació en Vis Vis, allí vio crecer “cebollas de más de 1 kilo”, dice esto con los ojos llenos de emoción y aclara: cosa que sólo sucede en su “tierra especial” regada por los ríos Santa Bárbara y Vis Vis.
Don Tito camina tranquilo la zona, sólo él sabe lo que vale un animal en esas soledades, y por suerte, “ni un pollo se le ha muerto” a pesar de “todas las cosas que se han dicho”.
En una entrevista realizada por Radio XXI de Andalgalá, se pudo conocer una pequeña pincelada de esas vidas aisladas de aquellos pobladores de la tierra más profunda de nuestra provincia. Allí aparece Don Tito Ramos, un hombre mayor nacido en Vis Vis y que por estos días reside en la cabecera del departamento Andalgalá, decisión que fue tomada por “el bienestar de su salud ante la carencia de todo tipo de asistencia médica en su lugar de origen”.
Para Don Tito, todo es más simple, siempre y cuando no llueva. “Nosotros cuando tenemos caminos no tenemos problemas porque alquilamos un vehículo y vamos a dejar mercadería a la gente del Vis-Vis, yo ya estoy viviendo acá, también soy de ahí pero ya me he venido y cuando no hay camino es a caballo”, manifestó.
Además, dijo que otro de los caminos “es dar la vuelta por Ampujaco y son cinco ó seis horas para llegar al Vis-Vis y por la quebrada, por el cañadón es una hora y media como mucho, mientras no hay lluvias”.
Lluvias y caminos de montaña no se llevan bien y en la temporada de cielos cargados, los caminos que en mucho de sus trayectos aprovechan el lecho del río son imposibles de recorrer. “A partir de noviembre nos quedamos sin caminos”, sentencia Don Tito.
Agua para producir
El agua, es el castigo para los caminos, pero también es el milagro de la vida en esa zona. Los ríos Santa Bárbara y Vis Vis proveen lo necesario para vivir y producir y en las rutinas de siglos de carencias extremas y de crecidas impetuosas los habitantes de la zona aprendieron a convivir con el agua y la montaña, con la aridez y la abundancia. Don Tito se siente orgulloso de su tierra, de sus animales, de las cosas simples que permiten sobrevivir cada día.
“Últimamente sacábamos agua del río Santa Bárbara que es un agua que no tiene nada que ver con el agua que viene de la Alumbrera”, aclaró.
También advirtió que “teníamos mucho donde sembrar, y las cosechas que hacíamos cuando yo estaba, a lo mejor no me va a creer, cosechábamos cebollas de un kilo y medio, son tierras especiales y yo riego con el agua de Santa Bárbara, que es otro río”, indicó.
“Hay muchos que dicen que está contaminada el agua del Vis-Vis, no sé cómo será la cosa, pero nosotros que vivimos ahí desde que empezó a trabajar la Alumbrera y hasta aquí no se nos ha muerto ni un pollo siquiera, nada de nada, porque los animales nuestros bajan a tomar agua en el propio río Vis-Vis”, aseguró.
Cuando fue consultado a cerca de su vida en Vis- Vis y si extraña el lugar, Don Tito expresó entre medio de risas con todo ahínco que sí. “Cuando voy al Vis-Vis, me bajan por lo menos 5 años. Hay una fiesta religiosa y la iglesia se ha partido y hemos hecho la diligencia para que la Alumbrera nos ayude y hasta acá no pueden hacer nada, dicen que porque no tienen caminos. Ahora que van a tener camino vamos a ver si pueden ir a arreglar. En septiembre es la fiesta del Vis-Vis y la de Amanao”, apuntó.
Don Tito continúa su camino, acomoda el mundo a su ritmo y a su visión de la vida, ahora rodeado de casas y calles pavimentadas en esta Andalgalá que le es ajena, pero necesaria. Deberá cuidar su salud y los próximos meses su Vis Vis natal notará su ausencia y sus animales tendrán que pelearla solos, como tantas veces, pero allí estarán el Vis Vis y el Santa Bárbara aportando el milagro de la vida.