Del Pino y un radicalismo en caída libre
El diputado castillista dijo algo que no debe decirse en voz alta. Dijo que los sectores del radicalismo que reclaman elecciones internas, carecen de los recursos económicos necesarios para afrontar el proceso electoral.
Cometió un error indigno de un dirigente que se precie, por además de los pruritos democráticos de un partido político a cuya dirigencia le gusta reconocerse con esa rareza, esta lo otro, reconocer tácitamente que el castillismo tiene los recursos necesarios, el único, o uno de los pocos sectores que salió con ahorros de su paso por el gobierno provincial.
En momentos en que los sectores de la oposición interna del radicalismo catamarqueño hacen política presentando a los sectores castillistas y brizuelistas como antidemocráticos, que buscan cerrar el partido en beneficio de unos pocos, decir lo que dijo Ricardo Del Pino, refleja cierta cortedad de miras, un poco de bastante torpeza, escasez de sutileza, falta de reflejos, poca inteligencia. Es decir, que es digno de…, como decirlo…no, mejor no.
Pero este incidente, tan jocoso como indignante, cómo no: aseverar que la política es solo para los que tienen plata, deja entrever un problema más grave en el principal partido de oposición en la provincia: la falta de un liderazgo inteligente, o lo que es lo mismo, de dónde provendrá uno.
Quizás Del Pino y los que piensan como él, a pesar de sus herencias patricias en el radicalismo, desaparezcan; quizás los jefes de los sectores minoritarios se unan detrás de alguno de ellos, quizás vuelvan algunas figuras que se fueron del radicalismo echados por la torpeza, la prepotencia y el numero castillista y brizuelista, no tanto como salvadores, sino como constructores que puedan colocar nuevos cimientos sobre los escombros.
O quizás existe una dirigencia radical joven, preparada, mas consiente de la realidad catamarqueña que de las ansias de lucro desde puesto claves en el gobierno, que se ponga a la altura de las circunstancias.
Pero cuesta advertir cómo hará el radicalismo provincial para ponerse de pie, sin que la frustración de mucha de su dirigencia, por lo que piensan los que mandan, derive en violencia verbal que aleje más al partido del retorno al poder.