“Pipo” Ávila inició el inmortal vuelo de los cantores
“Vuela…, vuela…palomita, que se va la tarde…”, entonaba el “Negro” Jorge Herrera, y “Pipo” Arnoldo Ávila remataba: “…y hay tanto que ver y andar en mi Catamarca”, en una muy lograda versión de esta zamba en la interpretación de Los de Catamarca.
Fue el primer recuerdo que se me vino a la mente al conocer esta mañana
que, a los 78 años, había muerto el "Pipo” Ávila, junto con Herrera, Marcelo
Amador, Carlos "Carleti” Barrionuevo y Marcos "Chulín” Ibáñez, integrantes por
más de cincuenta años del más popular conjunto folclórico catamarqueño.
La infausta noticia me llevó después a evocar una gira memorable por
medio país hasta llegar a Buenos Aires, promocionando hace ya casi cuarenta
años una Fiesta del Poncho de aquellos tiempos, cuando con "Pepe” Yunes y "Kelo”
Molas, logramos reunir a "Pipo” y Los de Catamarca con las hermanas Silvia y
Susana Pacheco, el Trío Zamba, Carlitos Martínez, el Ballet "El Fortín” del "Chuña”
Rodríguez y Jovita Fernández, Los Mantas, Las 12 Cuerdas, Julito Quiroga y
Hamilton Aparicio, para convocar al resto de los argentinos a que vengan a
nuestro hermoso festival.
Los mismos artistas, con los que después anduvimos por casi toda
Catamarca, incluso creando festivales como el del Zapallo en La Merced, el del
Membrillo en las Juntas o el de La Mandarina en Chumbicha, y hasta nos dimos el
gusto de realizar también el 1er. Festival del Quesillo en Humaya, en el
Ambato, a donde llegamos montados a caballo o en mulas, porque aún no estaba el
camino desde Los Varela, y sobre el cual Carlos Barrionuevo aun conserva su registro.
Y ahí estaba "Pipo” Ávila, con su jerarquía de cantor estudioso y
dedicado, pero también con su impronta picaresca y divertida para el chiste
ocurrente y oportuno, casi inimaginable en semejante hombrón de aspecto adusto
y reservado, que en su afanosa y consagrada existencia al bienestar y felicidad
de sus amadas esposa y familia fue también un respetado y eficiente empleado
del Poder Judicial.
Hace días, apenas, había partido el "Flaco” Ibáñez, y nos arrinconaron
las añoranzas de su prodigiosa viola poniéndole los acordes a la estupenda voz
del "Negro” Herrera, a la que hoy debemos sumarle la maravillosa expresión del "Pipo”
Ávila, para coronar el estribillo de su definitivo vuelo a la inmortalidad de
los cantores.
En el recuerdo de Víctor "Paco” Uriarte.