Policía Infantil, la experiencia en Andalgalá

Andalgalá © La noticia de la creación de la Policía infanto-juvenil en la provincia no ha resultado extraña para la comunidad de Andalgalá, ya que hace algunos años, la institución funcionaba en la ciudad, logrando sorprendentes resultados en términos de formación y disciplina en niños y adolescentes, marcando ponderables diferencias en la población infantil.

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El emprendimiento respondió a la iniciativa de la Jefatura de la Unidad Regional N° 4 y el instructor central era el suboficial Víctor Vivanco, que se había abocado a la tarea formativa, con mucha dedicación y ahínco, cuestión que oportuna y permanentemente fue elogiada por padres y tutores.

La gente no termina de entender por qué en la provincia se producen tantos cuestionamientos por una actividad educativa que responde a los lineamientos de su creación, es decir, "elevar el espíritu patriótico y cultural, apoyando la educación escolar y familiar a través de múltiples actividades que contemplan todos los derechos del niño y promueven su acercamiento comunitario, inculcándole valores y el respeto de las normas sociales para una armónica convivencia en sociedad".

Las prácticas "estarán relacionadas con acciones de carácter preventivo, tales como charlas, talleres sobre protección y conservación del medio ambiente, primeros auxilios, derechos y deberes del niño, drogadicción, alcoholismo, seguridad vial, etc. y participación de actividades sociales dentro y fuera de la institución policial, visitas guiadas a instituciones de servicio social, entre otras actividades de carácter deportivo, artístico y recreativo".

En la "experiencia Andalgalá”, por supuesto que los chicos no iban solos, detrás de estas experiencias estaban los padres organizando kermeses para comprar los trajes de policías y, sobre todo, está el imaginario autoritario con el que se identifican.

Si se trata de mantener a los chicos alejados de las malas compañías y la vida anónima de la calle, más vale que la formación comience desde chiquitos y vincularlos a otras experiencias morales.

En ese sentido, las escuelas de policía infantil se postulan como una buena opción en las sociedades amenazadas por el "crimen y la droga”. Al mismo tiempo, se refuerza una vieja idea que propone pensar a las policías más allá de la sociedad civil, como una gran familia y una vocación.

Un paradigma que niega el estatus de ciudadano y trabajador al policía. Un policía es un servidor público dispuesto a cuidarle la espalda al funcionario de turno del resto de la sociedad.

Pocos años duró la experiencia y cuando se eliminó, muchos fueron los lamentos de alumnos y padres que veían naufragar altos sueños de correcta formación humana, profesional y social.

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