Por los pueblos originarios y nuestros cerros
Habituales caminantes de nuestros cerros, el último sábado, transitamos las penosamente dañadas “Sierras Coloradas”, en las primeras estribaciones ambateñas, con especial sentido de evocación por el último día de libertad de nuestros pueblos originarios y en homenaje a los valientes luchadores contra el fuego, que recurrentemente arruina nuestras montañas.
Eso fue lo que dejamos plasmado en el “libro de la cumbre” al llegar, a los 1976 msnm, que el GPS Garminetrex marcó en la cima, después de poco más de media hora de marcha, desde los 1666 msnm, de nuestra salida a la altura del monolito que recuerda al corredor Amadeo Jacinto Marenco, “Dito”, como “el cóndor de las cumbres del Ambato”, en alusión a un récord “fierrero”, trepando desde Catamarca a la cuestecilla de El Rodeo.
A la travesía, de mediana dificultad, la emprendimos con mi hijo Imanol, estudiante del profesorado Educación Física, que quería conocer mi desempeño, después de un período de entrenamiento con la meta puesta en otros objetivos de mayores exigencias.
A poco de andar, la primera certeza que se advierte, es que los españoles o los conquistadores no descubrieron nada allí, porque esas tierras ya estaban identificadas como las del “Niquixao”, según la lengua Kakano o kakán, que hablaban los Diaguitas que habitaron esas tierras, mucho antes que se las repartieran quienes llegaron en los barcos, después del inhumano sometimiento.
En tiempos más cercanos, nos dimos con que esos cerros eran los de Hamppatu, Ampatu, o del actual Ambato, que en la estudiosa traducción de Samuel Lafone Quevedo, significaba “Cerro Sapo”.
Los restos arqueológicos hallados allí acreditan la presencia de la cultura agro-alfarera, del período medio denominada Aguada, poblada por aborígenes conocidos como los singuil, los colpes, los huaycamas al norte o los pomangastas al oeste.
Por eso, justicieramente, al 11 de octubre se lo memora como el “último día de libertad de los pueblos originarios de América”, y al 12 de octubre como “el inicio del genocidio, de la dependencia colonial y de la resistencia indígena y popular”, aunque identificado por estos tiempos con el eufemismo de la “diversidad cultural”.
En todo caso, preferimos la más acertada definición del Cacique de la Comunidad Originaria Ingamana, en la presente Santa María, Don Cuni Arnedo, cuando sentenció que "nosotros, como pueblos indígenas, decretamos al día 11 de octubre, como el último día de libertad. Para nosotros el día 12 es un día de duelo, de muerte, de extirpación de la cultura".
El otro doloroso impacto es el extendido negro profundo, que en la actualidad cubre patéticamente esas hermosas serranías, las que -en la grosera dimensión de unas 8.000 hectáreas-, hoy lucen literalmente arrasadas por el fuego.
De allí nuestro compartido sentimiento de homenaje y merecida reivindicación a los integrantes de las cuadrillas de Brigadistas contra el Fuego, que apenas días atrás fueron los Bomberos Voluntarios de El Rodeo, Capital y Valle Viejo, los miembros de Defensa Civil y de la Policía de la Provincia, como los empleados y vecinos de las municipalidades El Rodeo, Las Juntas y La Puerta, que trabajaron incasablemente para contener las llamas en esas adyacencias de la Ruta Provincial N°4.
Una salida montañera más que enriquecedora, por los reconocimientos a nuestros pueblos originarios y al arriesgado esfuerzo de los brigadistas contra el fuego. A todos ellos, muchas gracias por las emociones que nos hicieron sentir.
Victo Hugo “Paco” Uriarte