El “premio” (¿?) “Petiso Orejudo”, una iniciativa poco feliz

Una información publicada en este portal hizo saber de un concurso organizado por fiscales, abogados y profesionales cuya culminación estaba prevista para el pasado 28 de mayo en un local del barrio Parque Patricios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.  

INFORMACION-GENERAL

La información daba cuenta de la existencia de siete categorías compitiendo en el referido concurso y una de ellas era el “Premio Petiso Orejudo” al peor juez o jueza de la Argentina que surgiría a través de una votación practicada en una red social.

Entre los ternados para este premio se hallaba el ministro de la Corte de Catamarca, doctor José Ricardo Cáceres.

Al parecer, el propósito de los organizadores era otorgarle un tono  de broma a este asunto, tal vez parodiando a otros eventos parecidos como “La Orden del Tornillo” que funcionaba entre artistas diversos. O “El “ñoqui de oro” que otorga el propietario de un restaurante famoso por sus pastas caseras.  Tal vez quisieron emular el premio  denominado “Plomo” que le adjudican a determinaos periodistas que cubren festivales veraniegos en Córdoba.

Pero eligieron  el apodo de Cayetano Santos Godino, un niño anormal tanto física como psíquicamente que horrorizó con sus crímenes hace cien años.

En consideración a posibles lectores impresionables integrando la masa de seguidores de este portal, obviaremos en este despacho mencionar algunos detalles vinculados a este infeliz, cuya biografía podrán hallar a través de Google con solo ingresar “Santos Godino”.

No obstante es factible señalar que fue el  décimo hijo de  de un matrimonio de inmigrantes calabreses. Que había nacido el 31 de octubre de 1896  en un conventillo porteño y que su padre era sifilítico y alcohólico.

A los 15 años medía 1.51 de estatura, de cráneo pequeño y grandes orejas  apantalladas. En un examen médico descubrieron que tenía 27 cicatrices en la cabeza producidas por las palizas que le propinaban su padre y Antonio, su hermano mayor.

Pasó varios años en un reformatorio y durante ese tiempo el  Profesor Cabred pudo examinarlo detenidamente llegando a la conclusión de que Cayetano Santos Godino era un “loco moral”, ininputable y debía ser internado en un hospicio para enfermos mentales.

El informe forense del Profesor Cabred no fue tendido en cuenta y Godino fue a para a la carcel de la calle Las Heras durante algunos años para finalmente confinarlo en el  penal de Ushuaia.

“Oreja” o “El Petiso Orejudo” murió estando preso en el Sur. El certificado de defunción dijo que su deceso había sido causado por una hemorragia interna pero fuertes versiones señalaron que  Godino fue asesinado a golpes por los otros presos cuando  supieron que a un gatito que era la mascota, lo había matado  Godino. Al cabo de varios días en estado de coma  finalmente murió el 15 de noviembre de 1944.

Sus restos nunca fueron encontrados pero la esposa del director del presidio tenía en su escritorio un pisapapeles que era un fémur de Godino. 

El lector tiene una semblanza de Godino y es probable que coincida con nosotros en cuanto a que utilizar su apodo como nombre de un “premio” resulta una falta de respeto, una hiriente y ofensiva designación totalmente impropia.

No se trata de salir en defensa del ministro Cáceres –a quien no conocemos pero ha de saber defenderse solo llegado el caso-, sino que también es una cuestión  de buen gusto.

Hubiera sido preferible (si es que no había más remedio que apelar a delincuentes), utilizar los apodos de –por caso-, “Mate Cosido” así conocido por una sutura que tenía en la cabeza. O “Bairoletto”, un bandido que se hizo famoso asaltando bancos y rodeado de una leyenda según la cual robaba a los ricos para darle a los pobres.

“La garza Sosa” hizo historia en el campo del delito en Argentina, lo mismo que un  genial estafador como fue el Dr. Satanovsky.

Los mencionados eran delincuentes que se jugaban el pellejo en cada episodio pero no asesinaban por placer como Godino.

Por eso nos parece un desacierto el nombre del premio de marras. Relacionar a un raquítico niño enfermo mental, a “un loco moral” como dijo Cabred, con un premio resulta lisa y llanamente un  despropósito.

Cabe esperar que los organizadores corrijan la puntería para futuros eventos.

 GB

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