Presentan las obras completas de Manuel J. Castilla
Este martes 11 de octubre, a las 20 hs, en el marco de la Expo Libro que se desarrolla en la Casa de la Cultura (San Martín 533), los lectores catamarqueños tendrán la oportunidad de acercarse a la obra completa del poeta salteño Manuel J.Castilla, tan vinculado por cercanía y empatía, a Catamarca y su gente.
La presentación estará a cargo de la salteña
María Eugenia Carante, profesora en Letras y muy comprometida con la difusión
de la historia y la cultura de Salta.
La compilación, publicada bajo el título de
"Manuel J. Castilla. Obras Completas” es una coedición del Fondo Editorial de
la Secretaría de Cultura de Salta y Eudeba, la editorial universitaria de
Buenos Aires. Reúne 14 títulos de Castilla (1918-1980), desde el inicial
"Agua de lluvia" (1941) hasta el inédito "Canto del cielo",
pasando por "La niebla y el árbol", "Copajira", "El
cielo lejos", "Bajo las lentas nubes". "La tierra de
uno" y "Cantos del gozante", más sus libros de prosa "De
solo estar" y "¿Cómo era?".
Castilla –señala una reseña publicada por
Jorge Boccanera en Télam- fue una las voces más importantes de la poesía
argentina contemporánea, en relación íntima con su entorno, exultante en su
diálogo con un paisaje que desmenuza a través de hondas cavilaciones e imágenes
restallantes.
La colección cuenta con prólogo del poeta
catamarqueño Leonardo Martínez quien ve a Castilla como un "yo
expandido" que "deja hablar a los sentidos"; un "adorante
de la naturaleza" en su peregrinar por las estaciones de la vida, esa
"belleza renovada a cada instante".
En pocas líneas, -prosigue Boccanera-
Martínez retrata cabalmente al poeta en su contexto, ese noroeste que el
imaginario prolonga a territorios más vastos donde los muchos horizontes
fusionan lo marchito y lo vital, lo mustio y lo frondoso. Escribe: "A cada
paso saluda, radiante, los nacimientos; aquellos momentos en que la luz se
engendra a sí".
Entre los muchos temas que aborda en su obra,
Castilla habla del gaucho ("y es como si domara la tierra con su puro
silencio"), del ají ("rabia de Dios, goteante y roja"), del búho
("soy el que cava en la noche su propia Sombra"), el toro ("como
huracán de pie... árbol de cuatro patas azorado") y del tabaco ("Por
el que mira largo y piensa que el tabaco florece en la ceniza/ con gusto a
metal viejo y a polvo transitado").
Su poesía además de abrevar en diversos
autores -Pablo Neruda, César Vallejo, Federico García Lorca y, sobre todo, su
coterráneo Juan Carlos Dávalos, precursor y figura insoslayable de la
literatura de tema agreste en el país- tiene en la copla anónima una fuente
inagotable de sabiduría popular.
Sus libros están atravesados por un decir
coplero que se suma a sus referencias a los ritmos folklóricos: baguala,
huayno, zamba. Para este último género compuso piezas ya clásicas de nuestro
cancionero, entre otras, "Balderrama", La arenosa", "La
pomeña", "Zamba del pañuelo" y "Maturana", en
coautoría con el destacado músico Gustavo "Cuchi" Leguizamón, faceta
por la que es un poeta muy conocido para el público catamarqueño.