El principio del fin para una forma de política

Luis Lobo Vergara, antes que hacer política, quiere hacer plata. Y eso se nota. Los cargos que ocupó y ocupa no solo le brindan notoriedad, sino que le abren posibilidades concretas para hacer más plata.

POLITICA

Es, si se quiere, la imagen del éxito, símbolo de una dirigencia preocupada por la cosa pública, voraz. Lo eligió Oscar Castillo, también se nota, por algo será.

Esta semana que pasó, Lobo Vergara sufrió un traspié, un terrible traspié para sus ambiciones. En el cargo de vocal del ENRE, que pretendía asegurarse para cuando deje de ser diputado, fue propuesto y designado el abogado Miguel Ángel Dahbar.

Luego de asumir como diputado provincial y presidente de la UCR, Lobo Vergara formalizó dos pedidos para ser licenciado en el cargo de vocal del ENRE; como nunca recibió una respuesta de los otros dos vocales del Ente, dirigió el pedido a la Corte de Justicia provincial para que le garantice el puesto, pero tampoco nunca le contestaron.

No logró nada, fundamentalmente por el fuerte rechazo que produce Lobo Vergara dentro de la dirigencia radical, donde es visto como un castillista en tránsito veloz por un botín mayor. (Cada vez suena más fuerte que el dato de que el contrato trucho que logró con el municipio de Recreo surgió de militantes radicales)

Ese es el verdadero rostro del joven Luis Lobo Vergara; el otro, el más instalado por la prensa amiga, el de joven exitoso, el de símbolo de un holograma de ambiciones, parece que llegó a su fin.

Podés leer también