El “proceso” en Andalgalá

Andalgalá © El Proceso de Reorganización Nacional que se iniciara el 24 de marzo de 1976 y que asolara a todo el país y aniquiló a una generación de argentinos, también se hizo sentir en Catamarca, con el mismo rigor y perversidad que lo caracterizó en todos los rincones de la Nación.

POLITICA

A 39 años de su inicio, y a la luz del análisis histórico, político y social, está siendo tiempo ya de que las nuevas generaciones conozcan los hechos y los protagonistas, nombres que en las últimas décadas han tratado de ocultarse detrás de las barreras de la impunidad.

Ya todo el mundo sabe que el principal operador/cómplice/ejecutor civil de Videla fue Arnoldo Castillo, a quien acompañaron obsecuentemente personajes como Amado Quintar, Aldo Nieva, Johny Acevedo, y algunos más que después se disfrazaron de demócratas para seguir lucrando del estado.

En Andalgalá, también se enseñoreaban los procesistas. Silverio Sotomayor fue elegido por el pueblo para cumplir el rol de intendente, y el 25 de marzo de 1976 fue derrocado por Johny Acevedo, que asumió con la suma del poder público, disolvió el Concejo Deliberante y ordenaba a la justicia y a la policía, iniciando una gestión autoritaria y nepótica, y construyendo una sociedad maniquea, en la cual los malos eran sobre todo los dirigentes y militantes peronistas, los que de hecho fueron perseguidos y condenados a la muerte social y política, o inducidos al exilio.

Los buenos, naturalmente, algunos radicales y todos los que aceptaban las reglas de juego o se callaban ante las atrocidades y las listas negras. Huelga comentar que la élite gobernante de Acevedo disfrutaba de las mieles del poder, y la casona de Liédelich en La Banda, se convirtió en el centro de componendas,  y festicholas y banquetes a los que concurría lo más procesista de la sociedad de Andalgalá.

Cuando Castillo asume como gobernador militar de Catamarca, Acevedo lo hace como ministro de Gobierno y Justicia, con amplia autoridad sobre las fuerzas de seguridad y la Justicia, y dejó como reemplazante a un oscuro dirigente radical de Chaquiago.

Ahí estaba Carlos Del Sueldo a disposición de los oscuros designios de Videla y Massera, a través de Castillo, Acevedo y sus secuaces que no dejaron peronista sin perseguir.

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