Provincia ordenada

A todo el oficialismo radical le gusta despedirse diciendo que dejan una provincia ordenada. Pero el estado real de la provincia contrasta con el falaz discurso radical.

POLITICA

La diputada Silvina Tello sostuvo que el Frente Cívico y Social “deja una Catamarca bastante ordenada”, y con humor negro le pidió al FPV que “por favor la cuiden”. Pero la diputada ni siquiera en esto es original, porque en realidad a todo el oficialismo radical le gusta despedirse diciendo que dejan una provincia ordenada.

Pero basta constatar cualquier indicador social para comprobar que lo que se dice no es cierto; que los sucesivos gobiernos de los Castillo y Brizuela del Moral dejan una provincia verdaderamente desbastada. Sobre todo en lo social.

Un informe de la ANSES, de no hace mucho tiempo, daba cuenta que la asignación universal por hijo se distribuye en beneficio del 56,6% de la población menor de 18 años de la provincia. La cifra es, más que alarmante, pavorosa: la Nación paga la asignación por hijo a los padres de hijos menores de 18 años desocupados, que trabajan en el servicio doméstico o se encuentran en situación de informalidad laboral. De modo que más de la mitad de los chicos catamarqueños forman parte de familias cuyos sostenes están en alguna de estas precarias condiciones.

No aclara la diputada Tello, ni ninguno de los que les gusta decir que Catamarca es una provincia ordenada, pero esta lamentable estadística de cual es la situación social de la provincia, que encabeza el ranking de beneficiarios de la asignación, a casi 20 puntos porcentuales de Formosa, segunda en la lista, muy lejos de otras jurisdicciones de la región norte como Chaco, Santiago del Estero, Salta, Jujuy y Tucumán.

El negro panorama social se completa con otro dato estremecedor, no para el oficialismo claro: unas 30 mil familias catamarqueñas reciben algún tipo de asistencia social provincial, al margen de la asignación universal por hijo. Y desde el área de Trabajo se admite el fracaso de las políticas para generar empleo genuino. Las cifras expresan un fracaso sin atenuantes. No es posible hablar de éxito en las gestiones del FCS como se pretende hacer creer, cuando semejante cantidad de hermanos catamarqueños dependen del asistencialismo para vivir, si es que el ejercicio de la política y la administración del Estado se entienden como instrumentos para mejorar la calidad de vida de la gente.

Todo ese negro apunta directamente a las gestiones de los Castillo y Brizuela del Moral, porque ese drama social lo lograron justo cuando los presupuestos catamarqueños se nutrieron durante varios años de recursos de envergadura inédita, como consecuencia del incremento de fondos de coparticipación federal, recaudación propia e ingresos por la explotación minera. La bonanza no supo traducirse en bienestar social. La asistencia directa parece ser el único mecanismo para contener una situación que, sin ella, se volvería explosiva.

Está demás decir que la expansión de la pobreza se vincula con el crecimiento de otros lacras sociales, como es el delito, las aberraciones sexuales, las adicciones o el suicidio, que son la verdadera herencia que dejan 20 años de gestiones de dirigentes castos y puros, como son esta gente que dice barbaridades como Tello.

 

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