No quiero sufrir más ¡La pena de muerte, por favor!
Este artículo quizás trate un tema profundo y podría decirse controvertido socialmente, pero ante las circunstancias que vivimos hoy en día los argentinos, es innegable que no podemos seguir mirando hacia otro lado cuando día a día suceden en diversos rincones de nuestra amada república hechos que no sé cómo se los podría caratular ante semejante barbarie desatada de manos de depravados inescrupulosos que dan rienda suelta a su impulso sexual, sin medir las consecuencias.
Me dirijo a la opinión pública, valiéndome de este medio
valiente que me posibilita hacerlo. Lo hago como padre, como esposo, como
abuelo, como docente, como ciudadano común y corriente pero que aún cree en la
necesidad de preservar lo más valioso que tenemos los humanos: los niños y los
jóvenes, sin desmerecer a nuestros mayores. Porque con mucho dolor, compruebo
que día a día vemos por televisión o cualquier medio de prensa, a veces frente
a nuestros propios ojos, cómo "seres humanos” que avergüenzan a la raza entera,
comenten atrocidades como violaciones a niños y niñas cuando no a lactantes,
¡pobres angelitos cuyo mundo no es otro que la inocencia! de maneras
incomprensibles cuando incomprensibles es ya lo que hacen, ¿cómo pueden abusar
de una niñita de dos añitos, flagelarla, quemarla… ¡Tiemblo de indignación!
Ahhh, por Dios y la Virgen, que duele tanto escribir esto, al pensar que las
víctimas son personitas sin maldad, sin otro anhelo que una caricia de sus
madres, su teta, su calor, su aroma, un gesto de amor puro de sus padres, una
cuota de alegría cada instante, una sonrisa, un berrinche, porque ellos no
conocen las maldades de los mayores, no sienten deseos sexuales irrefrenables
como las bestias de dos patas, no están mirando a qué mujer podrán violar, no
creen en la envidia ni en el odio, no están interesados en tener las cosas más
modernas ni siquiera piensan en qué serán en el mañana ni con quién se casarán
o cuántos hijos tendrán, si tan solo lo que desean es un poco de calor, de amor
sano de alguien que sienta en su corazón la virtud de la ternura.
¿Cómo no reaccionar ante tamaña barbarie cotidiana? Si
tenemos jueces que se dan el lujo de interpretar las leyes a su antojo, como
días pasados ocurriera en Buenos Aires, desmereciendo la vida humana, la
dignidad, la inocencia, por Dios, ¿qué debemos hacer entonces los ciudadanos
comunes, los jefes de familia que luchamos por criar sanamente a nuestros
hijos, las madres que no les quitan su mirada por si acaso el vecino no es un
degenerado y puede llegar a violar a su niño cuando no el propio padrastro que
queda a su cuidado en la casa? ¿Qué esperamos para hacer algo? ¿Qué esperan los
legisladores nacionales para plantear este tema en el congreso nacional y
sancionar de una vez por todas una LEY EJEMPLAR, una ley que sea tremendamente
rigurosa como es la pena capital, la pena de muerte, la ablación de los órganos
genitales de los violadores y tantas otras medidas firmes que se podrían tomar
para con estos enviados de Lucifer, porque no son personas comunes, porque no
aman a los demás, odian, odian de la manera más inconcebible, para ellos la
vida consiste en hacer daño a los demás y de la manera más feroz y perversa. Y
ojo, porque no siempre se trata de violentos, porque a veces tenemos lobos
disfrazados de ovejas, muy buenitos, muy pintuditos y perfumados, muy
cariñosos, hablan lindo, muy eruditos, de buena onda como se dice hoy en día…
(y a esto aunque me duela tremendamente como devoto cristiano debo decirlo)
como ciertos sacerdotes y pastores que aprovechando el abandono y la soledad en
que decaen niños, mujeres y hombres por los vapuleos propios de una vida
inopinada, sin fortaleza espiritual, se aprovechan con falsos y tendenciosos
consejos para empujarlos a los deseos más ocultos y bajos, niños que son
abusados en los internados, bebés violados bajo sus mismos techos y por sus
propios progenitores o tenedores, abuelos que no respetan y se olvidan lo que son y abusan de
sus nietos tras las paredes de la negra obsesión sexual, madres solteras que no
soportan no tener un hombre a su lado y se los llevan a sus casas en
concubinato para que les calienten las sábanas, entregándoles ingenuamente a
sus hijos a los dueños de las fauces de las bestias más salvajes de los abusos.
No digo que todos sean perversos, porque existen admirables padrastros, mejores
que los propios padres, en ocasiones, y religiosos consagrados en cuerpo, alma
y espíritu, pero que los hay los hay y a montones, ejemplos sobran. Si dudan,
consulten la prensa nomás, que esto viene de hace rato y ya no hay forma de
ocultarlo.
¿Qué podemos hacer?, me digo, cada día, desesperado ante
tanta maldad desenfrenada, ante desquicio de parte de los soldados del
infierno, que arrebatan inocencias y futuro a nuestros niños con sus
inmundicias. En verdad que lloro por dentro ante tan impotencia, porque un
infante ni siquiera puede defenderse, en ocasiones, ni siquiera saben hablar, y
si son más grandes, son dominados por el terror, bajo amenazas. Le pregunto y
es como si lo hiciera a la pared que me contesta con un vacío que me da vueltas
el cerebro y me da vueltas el estómago de tanta degradación, no entiendo, ¿en
qué país estoy viviendo? ¿Estoy en la Argentina de San Martín, De Varela, de
Guemes, de Belgrano y tantos otros valientes, que dieron sus vidas, su
bienestar y hasta su propia felicidad por estas tierras? A ver si por una de esas, usted me entiende y
capaz que me contesta. ¿Será que ya no hay héroes como fueron Alem, Irigoyen,
Perón y Evita?
Los diarios, la televisión y la radio día a día nos
cachetean con una realidad sangrienta, que a veces creemos que esas son cosas
que ocurren en otro mundo, como si se tratara de una película policial o de
ciencia ficción, muy lejos de nuestro barrio. O acaso caemos en la necedad de
pensar que a nosotros jamás nos pasará. ¡Total! A mí que me importa, si eso no
me pasa!, me dijo el otro día una vecina. Eso le pasa al hijo del vecino, al de
ahí, al de al lado, al del frente, al de tal pueblo o ciudad, es en otra
provincia, creo… Claro, eso pensamos, hasta qué…
Tal vez por eso, también me pregunto: ¿y nuestras leyes y
los que las aplican en el país y las provincias dónde están? Los legisladores
que deben estar atentos para elaborar las normas necesarias para preservar la
calidad de vida de los habitantes, ¿dónde están también?, me digo, ¿qué hacen?
Si están haciendo algo, por favor, háganlo saber, porque hasta ahora…
¿Qué hago yo?, me pregunté esta mañana y decidí no callar
más, tenemos que hacer algo, pido a mi amado Jesucristo y a todos los Santos
que elevemos un clamor de justicia ejemplar, creo que ellos también deben estar
llorando a raudales ante tana perversión diabólica. Sin dudas que los debates
deben abrirse y crear nuevas normas que se ajusten a los problemas cada vez más
acuciantes, cada vez más hirientes, parece que los problemas se ajustan a las
normas, por no decir que todo parece patas para arriba. Si seguimos así, dentro
de unos años (se puso a pensar, si no me cree, mire a su hijito que juega a su
lado y le sonríe con dos dientecitos nuevos), sin contar la delincuencia, los
maltratos, los femicidios, la drogadicción, y tantos, tantas plagas sociales
que para colmo no dejan de azotar a nuestros niños y jóvenes, ¿cómo
terminaremos viviendo los catamarqueños, los formoseños, los porteños, en fin,
los argentinos, porque somos argentinos y a todos nos afecta, de un u otra
manera. Para ser más claro, le pido que imagine que nuestro país es un cajón de
manzanas, ¿qué hace usted con las manzanas podridas, las saca o las deja que
pudran al resto? Creo que esta actitud debe ser también una forma de defender a
la patria, para que no termine hecha pedazos. Tal vez por eso no me olvido de
la parábola en la que Jesucristo secó a la higuera porque no dio los frutos que
debía, quizás me entienda.
Por FAVOR, LA PENA DE MUERTE, reza el título, porque algo
debe hacerse, creo sinceramente que quien viola y mata a bebés y niños, no
merece otra cosa, que me disculpe la Iglesia pero es hora de sincerarnos,
porque ni siquiera ella puede resolver los problemas internos de abusos que
tienen, mucho menos podrán resolver estos desastres externos, a no ser con
actitudes valientes que rompan los moldes y procederes que no se ajustan a la
realidad que vivimos actualmente.
CATAMARQUEÑOS, HOMBRES Y MUJERES CON DIGNIDAD AÚN,
ARGENTINOS TODOS, ¡POR FAVOR! PIDAMOS DESDE AQUÍ QUE SE ROMPA LA HIPOCRECÍA EN
LA REPÚBLICA ARGENTINA, que nazca desde aquí ese grito desesperado, de una vez
por todas, y se instrumenten ya las LEYES ESPECIALES QUE CONTEMPLE LA PENA DE
MUERTE Y OTRAS ACCESORIAS QUE IMPIDAN QUE EL PISOTEO DE LA DIGNIDAD, LA VIDA Y
LA LIBERTAD SIGA AVANZANDO, ennegreciéndonos el presente, destrozándonos las
familias, envenenándonos la sociedad, asesinando a nuestros hijos,
desangrándolos de mil maneras; porque así, como mucho dolor lo digo, así,
FUTURO NO HABRÁ PARA NADIE. Si usted tiene dudas, piense cómo se sentiría si un
depravado le violare o matare de la peor manera un hijo, un nieto, un hermano,
una esposa, una abuela, injustamente, sin sentido, perversamente… Porque nadie
parece salvarse en esto de los abusos cometidos, como dije, no siempre por los
más violentos.
¿Cuántos bebés, niños y mujeres deberán morir tan
tristemente para que entendamos de una vez por todas? Algo debemos hacer los
argentinos, desde el gobernante, el legislador, el dirigente político, gremial,
barrial, el docente, el sacerdote, el pastor, el juez, el empleado, la ama de
casa, y cualquier persona desde el más simple rol social. Sé que muchos de
ustedes también sienten la misma bronca. Es hora de hacer algo. ¿No le parece,
querido argentino?
¡BASTA DE VIOLACIONES Y MUERTES¡
NO QUIERO SUFRIR MAS ¡LA PENA DE MUERTE, POR FAVOR!
¡TE QUIERO BEBÉ, TE QUIERO NIÑO, SANAMENTE, CON AMOR PURO,
HONESTO Y SINCERO DE SER HUMANO DIGNO! POR USTEDES ES ESTO.
Prof. Guillermo
Antonio Fernández
DNI: 14.652.414
Fiambalá- Catamarca