El radicalismo insiste con el fracaso
La pérdida del poder provincial acentuó la propensión antidemocrática de los principales popes del radicalismo; Castillo y Brizuela del Moral se aseguran conchabos para un grupo de amigos, pero también tiene asegurado el fracaso.
Otra vez, ahora más que nunca parece ser la idea, se ha privilegiado la “mesa chica” en el radicalismo de Oscar Castillo y Eduardo Brizuela del Moral, lo que significa que se priva a sus militantes de la posibilidad de elegir los mejores candidatos para octubre.
Insiste el radicalismo local en la falta de democracia interna, lo que según esta medido, hace que los resultados electorales empeoren, porque los candidatos que surgen en esas condiciones no gozan de crédito social alguno, más bien son rechazadas.
Primero, por razones de principios constitucionales. Todo partido está llamado al ejercicio de procedimientos democráticos de elección de sus hombres conforme lo establece la Ley Orgánica que los rige. Los partidos políticos son los llamados a hacer posible el funcionamiento del régimen político. Al menos eso se creía hasta que los Castillo y los Brizuela se empecinaron contra la UCR catamarqueña.
Los partidos políticos conforman en un estado democrático el punto de intersección donde convergen todas las fuerzas políticas; todo lo que es de importancia política encuentra su lugar dentro de los partidos y en las relaciones entre ellos. Por ende, la participación democrática es relevante en ellos como reflejo de la sociedad, y la falta de la misma las aparta de la decisión y adhesión popular.
Resulta inexplicable e injustificable, desde esa perspectiva, que Castillo y Brizuela, que tanto se llenan la boca de democracia, le resten al radicalismo el juego lógico de las competencias democráticas. Vergonzoso.