Ramón Iramaín, el "compadre" que adelantó su viaje

Con Ramón Antonio Iramaín se fue uno de esos periodistas de raza, de los empecinados que se esfuerzan y se mantienen en este oficio, pese a todas las adversidades.

RAMÓN IRAMAÍN fue un referente del periodismo deportivo.
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Aun en las carencias y en las necesidades, para ellos y sus familias. La tarea de comunicar los atrapa de tal manera, que muchas veces dejan de lado los malos sueldos, los atrasos en los pagos y hasta las injustificadas cesantías.

Contra viento y marea, siguen siendo periodistas, sin importar tampoco el medio o la modalidad para expresarse; porque Ramón hizo de todo en esta profesión. Trabajó en los diarios –los cuatro de los últimos cuarenta años en Catamarca-, las radios y la televisión, después de haberse horneado en la “voz del estadio” de la Liga Chacarera de Fútbol.

En esa época lo conocí, cuando con el “Negro” Argentino Argañaraz y Manuel González eran esa especie de “compadres”, que no sé si habrán tenido algún registro de padrinazgo entre sus familias, pero así se trataban. Y cuando todavía no había internet, ni Wi-Fi, ni menos WhatsApp eran las voces autorizadas para hablar de deportes, sobre todo de fútbol y del chacarero, con mayor especificidad.

Ramón y sus “compadres”, eran íntimos –por ejemplo- de Don Primo Antonio Prevedello, el mismo que hoy identifica al estadio de Tres Puentes, y de quien en primera persona, tenían las novedades o lograban las primicias de todo lo que pasaba del otro lado del río del Valle.

Siempre con mucha y buena información, Ramón trajinó todas las redacciones locales, y emitió sus opiniones por distintas emisoras radiales, donde cultivó relaciones de fuste como las del “capo de las mesas informativas”, Hugo César Chacón, o el apreciado “correligionario” Martín Rearte. O en la pantalla chica, con otros emblemas de este laburo: Aníbal Villafañe, Pedro Cuello y Luis Zelarayán.

Cuando le cerraron algunas puertas del Valle Central o padeció persecuciones, como en la intervención federal del ’91, desanduvo el periodismo en los pueblos de Pomán, más puntualmente en el Mutquín de su querencia.

Tuvo activa participación en la vida del Círculo de Periodistas Deportivos de Catamarca, donde acompañó con gran compromiso y lealtad la gestión de “Don Aníbal” (Ramón le decía "el Viejo” Aníbal, porque era como un hijo más), de quien fue su vicepresidente, transfiriendo ahora ese legado a su hijo Silvio para con la actual conducción de los colegas que encabeza Eduardo Chacón.

Hizo escuela y sembró heredad en el periodismo, porque también Franco, su hijo mayor es parte de esa pléyade de “soñadores extremos” que somos los periodistas. Y tal vez continúen también los más chischicos de la familia. Una tarea, para la que seguramente contó con la “complicidad” de su amada esposa Mariel Zalazar, una “señora” locutora de las radios y los escenarios.

No estuve para despedirlo, ni para acompañar a sus deudos, pero igual no quise estar ausente para saludarlo en su partida. Por eso lo hago de esta forma, conmovido y apenado como todos los colegas, pero igualmente con la alegría de su siempre entusiasta recuerdo y la tranquilidad del orgullo que dejó para su familia. Hasta siempre “compadre”.

Víctor “Paco” Uriarte

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