Reconocido luthier generó gran convocatoria en el Conservatorio Mario Zambonini
Con una respuesta que sobrepasó las expectativas, el luthier Sergio Lambruschini brindó asesoramiento personalizado y trabajó en la reparación de instrumentos musicales dañados.
El especialista fue invitado por el Conservatorio Provincial de Música Maestro Mario Zambonini, lugar en donde se llevó cabo el evento el sábado pasado, y que debió extenderse hasta el lunes por su gran repercusión.
Oriundo de la provincia de Buenos Aires, Sergio Lambruschini es un luthier profesional formado académicamente en la ciudad de Cremona (Italia) y cuenta con amplia experiencia y renombre a nivel nacional e internacional.
Lambruschini aclaró que “la actividad brindada fue la reparación (en algunos casos) mantenimiento y puesta a punto de instrumentos de arco, violines, violas, cellos y contrabajos”, y también algunas guitarras. El luthier se mostró muy contento por la “más que excelente” respuesta del público que asistió al encuentro: alumnos del Conservatorio, gente del circuito musical, y público en general que se acercaron con sus instrumentos para consultar y aclarar dudas sobre cuál era la mejor manera de repararlos. “Fue tan buena la respuesta que me tuve que quedar un día más para terminar algunos trabajos (…) hubo gente que vino a consultar y pedir un diagnóstico sobre el instrumento que poseía heredado de algún antepasado”, detalló Lambruschini, quien de paso reveló que tuvo que llevarse algunos instrumentos a su atelier de Buenos Aires, donde cuenta con más herramientas para “corregir reparaciones o roturas de distinta gravedad”.
El especialista prometió volver pronto a Catamarca para continuar la experiencia. “Si totalmente, la repetiré en breve porque quedaron instrumentos sin reparar por falta de tiempo, herramientas y sobre todo algunas partes que deben ser reemplazadas; la próxima vez iré con más herramientas, me quedaré más tiempo en esta hermosa provincia y visitaré seguramente otras ciudades de la provincia para realizar la misma actividad”.
Lambruschini valoró los aportes del violinista y profesor Pablo Díaz (con quien tiene una amistad de varios años) y la directora del Conservatorio, María de los Ángeles Valdez quienes “se mostraron predispuestos desde un primer momento a alentar esta actividad”.
Los secretos del oficio
“El instrumento” -afirma Lambruschini- “es la extensión del cuerpo del músico”, quien siempre busca mejorar su sonoridad a través de su técnica y de la calidad del propio instrumento. “Para eso debe tener entre sus manos un instrumento en óptimas condiciones, no importa si es de origen chino, de taller o de autor, importa que esté en condiciones de rendir al máximo de sus prestaciones.”
Allí, la responsabilidad y destreza del luthier deben estar a la altura de las expectativas del músico. “Debemos pensar que quien nos confía un instrumento nos deposita su objeto de cariño y amor por la música y por lo tanto, nosotros debemos observar el mismo cariño y amor, es muy importante la relación músico-luthier porque ambos aprenden el uno del otro y llegan a un óptimo resultado.”
El arte de la lutheria, concluye Lambruschini, es “algo maravilloso” y debe realizarse “con cariño y amor, lo que se llama ´por amor al arte´, sin eso las cosas no caminan y se convierte todo en un vago negocio que no le sirve a nadie y mucho menos a la música”.