Renuncia no, más apoyo
Hace rato que los catamarqueños aprendimos que nuestro gobernador tiene criterios diferentes al común de la gente; eso lo demostró a la hora de establecer afinidades, enemistades, prioridades, los premios y hasta los castigos.
No solo están los ejemplos penosos de la extraña afinidad con Julio Cobos, el campo, Martha Torres de Mansilla, Catalina Krapp y Juana Fernández de Collantes o la enemistad declarada, inconducente también como sus afinidades, no solo con la oposición política local sino hasta con el gobierno central. Está también el caso de la desproporcionada prioridad otorgada a ciertas obras y la demora para otras; y ahora está el caso de su ministro de Gobierno, a quien la mayoría de los catamarqueños, incluso dentro del mismo FCS, se debería despedir del gabinete.
Todo a consecuencia de los sucedido en la Alcaidía, donde por claras negligencias del Estado, terminaron perdiendo la vida cuatro jóvenes, empujados a la delincuencia por una marginalidad que hace estragos en la periferia de la ciudad.
Eduardo Brizuela del Moral lejos de reprocharle su responsabilidad en los hechos a su joven ministro Javier Silva, le termina poniendo el oído para su queja de que todo el oficialismo lo abandonó a suerte. No hubo defensa alguna, ni solicitada, ni siquiera tibios respaldos. Nada, apenas silencios bastantes estridentes.
Conmovido, increíblemente conmovido, no con la tragedia en si, no con el horrendo final que tuvieron los cuatro jóvenes, ni con las cadena de negligencias que permitieron semejante final, ni con los deudos, Eduardo Brizuela del Moral habría resuelto un operativo mediático de apoyo de distintos referentes del Gobierno provincial y de dirigentes del FCS para su ministro Silva. Habrá que ver quienes se animan a acatar la orden.