La Residencia de Pirquitas y un hermoso pero fallido proyecto

Como es sabido, el Gobierno posee un inmueble en la Villa de Las Pirquitas que supo funcionar como residencia veraniega de los gobernadores.

POLITICA

Dotada de todos los elementos necesarios para que fuera no sólo una vivienda singularmente confortable sino un edificio lujoso con pileta de natación, bien pudo figurar en la categoría de “petit palais” con que se denominaba a estas inmuebles a fines del Siglo XIX y principios del XX.

Según antecedentes obrantes en  Archivo, el último ocupante de la Residencia habría sido el titular del Poder Ejecutivo Provincial, el  abogado Ramón Eduardo Saadi eyectado del cargo por la intervención federal ordenada por el entonces Presidente Carlos Saúl Menem a raíz de los graves sucesos ocurridos con motivo de la trágica muerte de la adolescente chacarera María Soledad Morales.

A partir de esa instancia la Residencia no volvió a ser ocupada y el accionar de plurales vándalos signaron su destino de destrucción hasta convertirlas en una auténtica ruina ensombrecida por el recuerdo de que su último ocupante  fue –por algunos sectores-, vinculado al crimen de la joven Morales puesto que él gobernaba la provincia cuando sucedió el siniestro de marras.  En algún programa radial se la calificó como “La casa maldita” y pasó a figurar entre las cuestiones estigmatizadas que suelen existir en ciertas  comunidades.

Sucedió que el 31 de octubre del año 2008 tuvo lugar un Foro organizado por la Subsecretaría de Prevención de Adicciones con participación de importantes especialistas y fue entonces cuando el coordinador de la Subsecretaría señor Vicente Barros dijo que  estaban analizando la posibilidad de abrir otro centro de rehabilitación debido a que el Centro Humaraya estaba sobresaturado y estudiaban aspectos relacionados con una inversión destinada a reacondicionar y remodelar la Residencia o encarar la construcción de un Centro nuevo, debido a la índole de los trabajos que exigiría una reconstrucción del inmueble en cuestión al que le han robado hasta las tejas del techo y los azulejos de las paredes,

Han transcurrido poco más de 36 meses y se desconoce lo resuelto finalmente por las autoridades pero es posible deducir que la proyectada refacción de la Residencia ha quedado en la nada como todos los actos de voluntarismo en que suelen incurrir las autoridades convencidas, al parecer, que con anunciar un proyecto  solucionan  un problema.

Finalmente, este es uno de los valiosos inmuebles de la provincia que se hallan en estado de abandono. ¿Un lujo que se permite la provincia  con bienes de su patrimonio o la indiferencia inoperante de los administradores de la cosa pública?

Este portal ha podido saber de fuentes confiables que el edificio actualmente en construcción en un sector capitalino será finalizado pero no servirá de sede del Humaraya. En principio el cambio de idea obedecería a  quejas de los vecinos que no ven con buenos ojos la existencia del instituto en sus inmediaciones.

Al margen de lo que podría calificarse de discriminación nos parece que ha llegado la hora de que el Gobierno comience a “pensar en grande”, “con visión de futuro” y “tomar el toro por las astas”. Es decir, proceder a la demolición de todo vestigio de la ex Residencia de Pirquitas y levantar un “mini barrio” con viviendas industrializadas y un cerco perimetral modelo “Olímpico” para proteger lo que sería la nueva y. definitiva sede del Humaraya. Dirán –tal vez---, que se necesita una “decisión política”, una muletilla bastante gastada que no siempre soluciona problemas. De lo que se trata es que la Gobernadora ejerza “un plumazo” y le de un corte definitivo al asunto Humaraya.

Será un acto de gobierno digno de aplauso.

 

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