Ricardo Chayle y Siján buscan ser “testigos de un nuevo amanecer”

La atronadora y devastadora creciente del 23 de enero pasado, en Siján, a Ricardo Chayle le llevó casi todo, menos su fe en Dios y su inquebrantable voluntad de trabajo. Por eso hasta se permite expresiones de gratitud, como cuando afirma que “hay que darle gracias a Dios que estamos vivos”, e inclusive se ilusiona porque “me quitó lo material, pero también me dijo: ‘te dejo esto para que vuelvas a empezar’”.

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Lo que hasta ese aciago día habían sido la finca y bodega "Don Samuel” quedaron sepultados  bajo montañas de lodo y piedras, toneladas y toneladas de material arrastradas por el impulso feroz de la avalancha. De las 5 hectáreas de viñas listas para cosechar no queda nada, y las expectativas de levantar unos 60 mil kilos de uva para hacer vino se hicieron añicos con el inusitado y voraz paso del aluvión.

La sorpresa, el pánico y la destrucción fueron las imágenes sucesivas de una película de terror que sorprendió a Chayle, los suyos y sus vecinos al piedemonte del Manchao, donde Siján empieza a tomar formas urbanas. La flamante máquina que había adquirido para la inminente molienda desapareció y se perdió en medio del lodazal, ahora convertido en un duro y compactado pedregal.

Los nuevos doscientos cajones que guardaba apilados para estrenarlos cargados con los frutos de la frustrada vendimia se esfumaron con la crecida y ahora algún que otro vecino se los va devolviendo, de a uno o dos, a medida que los van encontrando enterrados a dos o tres kilómetros de distancia.

Hasta el viejo alambique, que la familia había heredado del emblema familiar "Don Samuel” Chayle, y con el que producían el exquisito aguardiente del caracterizado sabor y origen exclusivo de esos pueblos pomanistos, fue hallado retorcido, sin posibilidades de uso.

Sin embargo, Chayle no baja los brazos ni se rinde. De las 600 botellas con vinos de las variedades Mistela o Malbec, que almacenaba en su bodega y la tempestad le arrebató en un instante, va recuperando unas 100, que debió desenterrar embarradas y con las etiquetas destruidas. Para ello con el auxilio de unos sobrinos muy pequeños, las va lavando una por una, y -con la calma que le aconseja su inconmensurable paciencia- las va etiquetando de nuevo para volver a poner a "Don Samuel” en el mercado.

"Tenemos que tratar de vender algo, porque en unos días más ya tendremos que asumir los compromiso hechos con viñateros de San Miguel y de aquí mismo de Siján”, comenta Ricardo, a quien ni se le ocurre justificar un intervalo o un "parate” en su actividad por más aluvión o alud que lo haya afectado. Su preocupación es que "el 20 (de este mes) empieza la cosecha, y yo me comprometí a molerle la uva a mucha gente, así que para entonces tengo que tratar de tener lo que pueda en funcionamiento”, dejando de lado los lamentos y con la cabeza ya puesta en el renacer y el porvenir de su finca, su bodega y todo el pueblo de Siján.

Un mensaje alentador y digno de imitar el de Ricardo Chayle, que aunque sabe que el gobierno lo puede ayudar, está convencido que "no puedo quedarme a esperar que me hagan las cosas los otros, porque yo nunca viví gratis. Desde niño, por la crianza de mi padre, siempre supe que a lo mío lo tendría que conseguir trabajando”.

"Yo empecé de abajo, siempre con la uva, andando en carros, en burros, plantando viñas, alambrando, cosechando de sol a sol; nadie me regaló nada, e inclusive pude estudiar. Así me crié y así le enseño a mis hijos”, cuenta Chayle, que a modo de enseñanza se anima a advertir que "este (por el aluvión) fue otro llamado que nos hizo la naturaleza”, alertando que "cuando más vayamos en su contra, más nos va a castigar”.

La sabiduría de un hombre sencillo y esperanzado pese al dolor y la desgracia, que no se resigna al desánimo. Tal vez inspirado en esa frase que en la misma visita a Siján encontramos en uno de los transparentes de la también devastada Escuela 392 "Daniel de Jesús Ovejero”, a pocas cuadras de la casa de Chayle, donde con letras prolijamente forradas, aludiendo a fotos de antiguas promociones de alumnos que allí de formaron, sentencia: "Un horizonte luminoso nos espera…, caminemos hacia él con firmeza, para ser testigos de un nuevo amanecer…”.

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