Y Santo Tomás me convenció…
Fue el jueves 3 de julio, en el tercer día de esa ola polar impiadosa, que unas semanas atrás nos tocó vivir a los catamarqueños. Esa noche, a las 20 hs., me habían invitado a la misa por el 2do. aniversario de la muerte de un amigo: Ireneo Agustín Gómez, en la parroquia de San Roque, frente a la plaza de La Chacarita.
En primer momento estaba desistiendo de concurrir, por la inclemencia del clima y el horario; cuando habitualmente ya estoy prendiendo el fueguito en el “hogar” de casa, para atenuar el fresquete y, de paso, darle el gusto a nuestra nietita Delfina, que es una adoradora de esa “ceremonia pagana” de mantener las llamas encendidas.
Pero después pensé en los familiares de Ireneo, e imaginé que estarían solos, en una iglesia casi vacía, en medio de semejante “friazón”, y decidí acompañarlos. Pero…¡cómo me equivoqué!.Salvo por lo de la temperatura, el resto de mis prevenciones fueron desbaratadas por la numerosa y entusiasta concurrencia que tuvo la ceremonia.
Había muchas familias, y lo que más me sorprendió fue la buena cantidad de adolescentes y jóvenes, de ambos sexos, algunos comprometidos colaboradores en las distintas etapas del oficio. Como al comienzo, que dos señoritas debieron leer un larguísimo listado de personas, por las que se pedía el eterno descanso de sus almas.
Me llamó la atención, eso sí, que la celebración incluyera nombres muy conocidos, a cuyos familiares no advertí, como los casos del ex gobernador Ramón Saadi, el docente Jorge Rocco, la actriz y dramaturga Blanca Gaete o el empresario Fernando D’agostini, por citar a los que, a mi oído, resultaron más conocidos.
Bueno, pero la nómina era larguísima, como si fuera un catálogo de todos los decesos en los últimos años. Entre la mayoría de jóvenes, primero un varón y después una mujer, se encargaron de dar formal inicio a la liturgia.
Seguidamente, el párroco, al que no conozco, de aspecto sesentón y cordial, se ocupó de interpretar la lectura del Evangelio, que por el rigor del calendario eclesiástico correspondía a Santo Tomás.
Aquel apóstol, que, al domingo siguiente del martirio de Jesús, estuvo ausente cuando el Señor se apareció ante los otros once discípulos, para anunciarles su resurrección. Como Tomás, no lo había visto, se negó a creer. "Si no veo en sus manos la huella de los clavos y pongo el dedo en los agujeros de los clavos y si no meto la mano en las llagas de su cuerpo, no creeré", había afirmado Tomás, como ahora relataba el sacerdote a sus fieles de La Chacarita.
Con el rigor de los textos bíblicos, el cura recordó que “al domingo siguiente, cuando Jesús volvió a encontrarse con los apóstoles, se dirigió al incrédulo Tomás y le dijo: ‘Pon aquí tu dedo y mira mis manos: dame tu mano y ponla en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente’, tras lo cual, Tomás cayó de rodillas, exclamando: "¡¡¡Señor mío, Dios mío!!!", convencido de que estaba ante el Cristo resucitado.
Y algo de eso me ocurrió a mí, que ante la destemplada temperatura ambiente y el escenario entre esquizofrénico e incierto que viven el mundo, la Argentina y Catamarca, se me ocurrió pensar ‘quién iría a una misa, en esas circunstancias…’. Con Trump ordenando bombardear una central de misiles nucleares en Irán o el ataque de Ucrania a Moscú, para -a las 24 horas- mandar al cese del fuego y postularse -en el mismo acto- como candidato al premio Novel de la Paz.
O Milei desfinanciando a los jubilados, la educación y la salud públicas del país, cerrando VN, el INTA y el INTI, como liberando la importación de cualquier mercancía que se te ocurra.
O en Catamarca enfrentarnos al cierre de fábricas y el despido de trabajadores, porque sus producciones son reemplazadas por las que vienen del exterior…, son parte de los motivos para la desesperanza, la desilusión y el desencanto…
Entonces, yo creía que esas mismas razones tendría la gente para encerrarse en sus casas, abandonando la práctica cotidiana del rezo diario, cualquier día de la semana. Pero me equivoqué, ya que encontré a la Iglesia de la Chacarita pletórica de gente, y sobre todo de jóvenes -insisto-, que no fueron como yo por mi amigo Ireneo, sino plenamente convencidos de su Fe.
En el San Roque “dueño de casa” o en el Santo Tomás que correspondía a la evocación de la fecha, y que hasta a mí me convenció del carácter y la condición de refugio que la Fe significa en estos tiempos para muchos argentinos y catamarqueños.
Por esto que pude ver y compartir…, gracias Señor mío, Dios mío!!!.
Víctor “Paco” Uriarte