Se honró al Beato Mamerto Esquiú con la Misa Coral San Pío X
“Honramos la ‘gracia’ que la Providencia Divina ha dado a la Argentina y a la Iglesia en la persona del Beato Mamerto Esquiú, obispo”, dijo Mons. Urbanc.
Durante la noche de este domingo 10 de mayo, sexto del tiempo pascual, la Misa Coral de San Pío X volvió a sonar en Catamarca luego de 40 años, para honrar al Beato Mamerto Esquiú en las vísperas de la celebración del Bicentenario de su nacimiento, y como parte de la Misa Pontifical presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanc, y concelebrada por el Cardenal Ángel Rossi, arzobispo de Córdoba; el arzobispo de Salta, Mons. Mario Cargnello, entre otros obispos, particularmente de la Región NOA, y sacerdotes del clero catamarqueño y otros visitantes, en la Catedral Basílica y Santuario de Nuestra Señora del Valle.
La misma fue interpretada por la Cantoría del Valle (Coro Polifónico de la Catedral Basílica y Santuario de Nuestra Señora del Valle) con el acompañamiento del órgano de tubos, la preparación vocal de la Prof. Florencia Reinoso y la dirección del Mtro. Exequiel Andrada, organista de la Catedral.
Una gran cantidad de fieles, devotos y peregrinos participaron con unción de esta celebración especial.
Mons. Urbanc comenzó su homilía dando la bienvenida a sus hermanos obispos, a los sacerdotes, a las autoridades y a los fieles presentes en la Santa Misa, deseando que Jesús y la Virgen los bendigan en este Año Jubilar “con el que honramos la ‘gracia’ que la Providencia Divina ha dado a la Argentina y a la Iglesia en la persona del Beato Mamerto Esquiú, obispo”, dijo.
Seguidamente predicó sobre el Evangelio que se proclamó, refiriéndose a las palabras del Señor: “No los dejaré huérfanos”, señalando, entre otros conceptos, que “Jesús miraba a sus contemporáneos con los ojos de Dios, con amor. Fue enviado por el Padre para darnos a conocer nuestra realidad; Él nos invita y propone ser lo que somos, o sea, humanos en proceso, en camino, para crecer y alcanzar la unidad; todos fuimos llamados por Dios Padre. Este Padre no nos abandona, sino que confía en nosotros, nos mira con amor, nuestra presencia es importante. Más aún, tener presente a Dios hace nueva nuestra manera de estar, de hacer, de ser, de mirar, de convivir”.
Y agregó: “Ésta era la convicción del Beato Esquiú, cito: «Yo adoro y creo en el incomprensible misterio de que el Unigénito de Dios haya amado al hombre, a este vil gusanillo de la tierra, con el amor con que Él es amado por el Eterno Padre… Jesucristo es Dios y ama como Dios, nos ama con el amor con que le amó su Padre y por esta causa no se contentó con dar la vida por nosotros, sino que quiso estar con nosotros hasta la consumación de los siglos en el Sacramento del Altar»”.
Más adelante volvió sobre las palabras de nuestro Beato Esquiú repasando: «Al decirnos el Señor ‘como me amó mi Padre, así yo los he amado’, no sólo nos da en esas palabras la medida del amor que nos tiene, sino que principalmente quiere enseñarnos la causa y razón de su amor, es decir, que nos ama porque ha recibido de su eterno Padre el mandato de amarnos, porque Él lo ha enviado a salvar al mundo por el amor» … «Ese divino y amantísimo corazón no cesa de clamar con su misma paciencia y mansedumbre finita: como me amó mi Padre así yo los he amado. Permanezcan en mi amor»... «Cada uno entre en su propio corazón y pregúntese a sí mismo: ¿Qué es lo que debo a un Dios que así me ha amado?»
A continuación, Mons. Urbanc afirmó: “Desde el Amor y con amor es posible entender lo que estamos celebrando: La Pascua, la Resurrección de Jesucristo. Sale a la luz lo que había caído en la oscuridad”.
Posteriormente, nuestro Pastor Diocesano observó que “cumplir los mandamientos, no es sólo hacer lo que está mandado, sino obrar porque entiendo, pienso, comprendo, concluyo y opto por lo más coherente, veraz, que se vive, se siente, como una exigencia que acepto, la hago mía y busca el bien para todos. Las cosas de Dios se entienden mejor desde y en la realidad de la comunidad”.
Hacia el final de su homilía, recordando las palabras de Jesús proclamadas en el Evangelio: «no los dejaré huérfanos, no los abandonaré», Mons. Urbanc indicó: “Así nos dio el Espíritu de la Verdad. La enseñanza del Espíritu Santo está en continuidad con la de Jesús. Ahora bien, si seguimos viviendo en la ‘tiniebla-muerte’ en vez de en la ‘luz-vida’, eso no es del Espíritu, eso no es la voluntad de Dios, ése no fue el testimonio de Jesús. Siendo prácticos: la guerra es muerte, tinieblas, negación, deshumanización -sin dudar, es el infierno-; la mentira es oscuridad; el egoísmo es ignorar, negar a los demás… y todo mal nos vuelve ciegos. Todo esto impide y niega la presencia de Dios en nuestra vida. No dejamos que habite en nosotros el Espíritu de la Verdad que nos capacita para experimentar la libertad interior, estar abiertos a recibir, acoger, el Espíritu de Dios, así como a sus criaturas. La realidad de Dios en nuestra vida no anula la individualidad de cada uno, por el contrario, ayuda a respetar la identidad y dignidad de cada persona para que pueda permanecer en Dios. Jesús dijo: “El Padre y Yo somos uno” (Jn 10,30). Ésta es la meta a la que estamos llamados. La unidad del AMOR”.
Y concluyó vivando: “¡Beato Mamerto Esquiú, ruega por nosotros!”.
Luego de la Comunión, toda la asamblea rezó la oración pidiendo a Dios por la pronta canonización del Beato Mamerto Esquiú.
Y tras la bendición final, alabaron a Nuestra Señora del Valle con el canto.
Sobre la Misa Coral de San Pío X
Compuesta por Julián Villaseca, es una obra significativa dentro del repertorio litúrgico católico del siglo XX, en honor a San Pío X luego de su Motu Proprio "Tra le sollicitudine", quien fue un gran impulsor de la restauración de la música sagrada y el canto gregoriano.
En cuanto a su estructura, sigue el ordinario de la misa, incluyendo habitualmente el Kyrie, Gloria, Sanctus, Benedictus y Agnus Dei. Generalmente está escrita para coro SATB (Soprano, Contralto, Tenor y Bajo), aunque existen adaptaciones para voces iguales o acompañamiento de órgano. Se enmarca en el movimiento cecilianista o de restauración litúrgica; su estilo es sobrio, buscando la claridad del texto; predomina la homofonía para facilitar la comprensión de las palabras; suele encontrarse en ediciones en tonalidades que facilitan el registro medio de las voces corales con variaciones de tonalidad, lo que exige un organista virtuoso y un coro capaz de adaptarse a las modulaciones en la obra.
Julián Villaseca, su autor, fue un compositor y presbítero español (vinculado a menudo con la música sacra en Sevilla y otras regiones de España) cuya producción se centró en que los coros pudieran interpretar música digna y técnica. Sus obras fueron muy difundidas durante mediados del siglo XX en seminarios y catedrales de España y Latinoamérica.
Históricamente fue publicada por editoriales especializadas en música religiosa como Unión Musical Española o a través de boletines eclesiásticos de música sagrada.