“Seamos servidores de la esperanza de la que está tan necesitada la errática humanidad”
Durante la noche del sábado 26 de marzo, la Iglesia que peregrina en Catamarca celebró con gozo la Vigilia Pascual a los pies de la Madre del Valle, durante la Misa Solemne presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, en el principal Santuario Mariano y Catedral Basílica.
La ceremonia comenzó con la bendición del fuego nuevo para
encender el Cirio, que representa la luz de Cristo. El Obispo marcó una cruz
sobre el Cirio, signándolo con el año actual, para significar que Jesucristo es
el Señor del tiempo y de la historia. Este rito se inició en el atrio para
luego ingresar en el templo a oscuras, en forma procesional, mientras los
fieles encendían sus velas con la luz proveniente del Cirio.
Luego del canto del pregón pascual, comenzó
Concluidas las lecturas del Antiguo Testamento se cantó el
Gloria de
Tras la proclamación del Evangelio, durante su homilía,
Mons. Urbanc afirmó que "Al igual que Pedro y las mujeres, tampoco nosotros
encontraremos la vida si permanecemos tristes, sin esperanza y encerrados en
nosotros mismos. Abramos al Señor nuestros corazones endurecidos, angustiados y
fríos como sepulcros, para que Jesús entre y los llene de vida; depositemos
delante de suyo el rencor y el fatídico pasado, las amargas debilidades y las
caídas. Él desea venir y tomarnos de la mano, para sacarnos de la angustia y el
desánimo”.
Por eso enfatizó que "la piedra que debemos remover esta
noche es la falta de esperanza que nos encierra en nosotros mismos…”,
explicando que "la esperanza cristiana no es el mero optimismo que tienen los
voluntariosos, ni tampoco una actitud psicológica, ni mucho menos la kantiana
razón práctica de la conveniencia para sobrevivir… Que el Señor nos libre de
esta terrible trampa de ser cristianos sin esperanza, que viven como si el
Señor no hubiera resucitado y nuestros problemas fueran el centro de la vida.
Continuamente veremos problemas cerca de nosotros y dentro de nosotros. Siempre
los habrá, pero en esta noche hay que iluminar esos problemas con la luz del
Resucitado”.
Luego llamó a que "no permitamos que la oscuridad y los
miedos atraigan la mirada del alma y se apoderen del corazón, sino escuchemos
las palabras del Ángel: el Señor «no está aquí. Ha resucitado»; Él es nuestra
mayor alegría, Él es el fundamento de la esperanza, siempre está a nuestro lado
y nunca nos defraudará. La esperanza cristiana es un don que Dios nos da si
salimos de nosotros mismos y nos abrimos a Él”.
En otro tramo de su reflexión, el Obispo dijo que "el Señor
está vivo y quiere que lo busquemos entre los vivos; y, en sus corazones
abrumados por la tristeza, tenemos que suscitar y resucitar la esperanza que
sólo procede del que hoy proclamamos como Luz del mundo. Olvidémonos de
nosotros mismos, y nos convirtamos en alegres servidores de
Por último exhortó a que "volvamos nuestra mirada a
En la oración de los fieles se elevaron las plegarias por
Durante
La celebración concluyó con la solemne bendición final y el
canto de alabanza a
TEXTO COMPLETO DE
Queridos Hermanos:
"¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? ¡NO
ESTÁ AQUÍ, HA RESUCITADO! (Lc 24,5) Sí… Sí, ésta es
La piedra que debemos remover esta noche es la falta de
esperanza que nos encierra en nosotros mismos…La esperanza cristiana no es el
mero optimismo que tienen los voluntariosos, ni tampoco una actitud
psicológica, ni mucho menos la kantiana razón práctica de la conveniencia para
sobrevivir…Que el Señor nos libre de esta terrible trampa de ser cristianos sin
esperanza, que viven como si el Señor no hubiera resucitado y nuestros
problemas fueran el centro de la vida. Continuamente veremos problemas cerca de
nosotros y dentro de nosotros. Siempre los habrá, pero en esta noche hay que
iluminar esos problemas con la luz del Resucitado: a los desafíos diarios los
tenemos que encarar con la fuerza del que ha vencido a la muerte y vive para
siempre. No permitamos que la oscuridad y los miedos atraigan la mirada del
alma y se apoderen del corazón, sino escuchemos las palabras del Ángel: el
Señor «no está aquí. Ha resucitado» (Lc 24,6); Él es nuestra mayor alegría, Él
es el fundamento de la esperanza, siempre está a nuestro lado y nunca nos
defraudará. La esperanza cristiana es un don que Dios nos da si salimos de
nosotros mismos y nos abrimos a Él. Esta esperanza no defrauda porque el
Espíritu Santo ha sido infundido en nuestros corazones (cf. Rom 5,5).
El Espíritu Santo no elimina el mal mágicamente, sino que
infunde la auténtica fuerza de la vida, que no consiste en la ausencia de
problemas, sino en la seguridad de que Cristo, que por nosotros ha vencido el
pecado, la muerte y el temor, siempre nos ama y nos perdona. Hoy es la fiesta
de nuestra esperanza, que nos da la certeza de que nada ni nadie nos podrá
apartar jamás del amor de Cristo (cf. Rm 8,39). El Señor está vivo y quiere que
lo busquemos entre los vivos; y, en sus corazones abrumados por la tristeza,
tenemos que suscitar y resucitar la esperanza que sólo procede del que hoy proclamamos
como Luz del mundo. Olvidémonos de nosotros mismos, y nos convirtamos en
alegres servidores de
Para concluir, volvamos nuestra mirada a