El secuestrador de Macri, 25 años después: “Yo lo voté"

l ex subcomisario José “Turco” Ahmed integró la infame “Banda de los Comisarios”: fue condenado a perpetua por el secuestro del hoy presidente.

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No fue fácil lograr la atención del mayor secuestrador de la historia argentina. Llegar al ex subcomisario José Ahmed requirió un poco de insistencia.

Una carta debajo de su puerta fue lo que logró su interés; eran unas pocas líneas con un teléfono de contacto, invitándolo a contar su historia, preguntándole, incluso, si aceptaría reunirse con el hoy presidente de la República Argentina, el mismo hombre al que, según la Justicia federal, secuestró 25 años atrás en la madrugada del 24 de agosto de 1991, para ocultarlo en un sótano en una vieja casona llena de humedad sobre la avenida Juan de Garay al 2800 y luego liberarlo 14 días después por un presunto pago de 6 millones de dólares. 

Ahmed, tras salir de la cárcel, supo agachar la cabeza, desaparecer de vista y seguir adelante. Fue un cabo suelto por más de dos décadas; hoy, varios de los nombres clave en la trama tanto judicial como policial alrededor del caso Macri no saben qué fue del hombre que fue condenado como uno de los cabecillas del secuestro del hoy presidente. Algunos lo creían muerto, algo que puede pasar perfectamente en el curso de 25 años. En la PFA, el "Turco" es un recuerdo distante; los actuales comisarios jerárquicos promedian los 55 años. En agosto de 2001, el juez Rodolfo Canicoba Corral sentenció a Ahmed a reclusión perpetua, una figura aún más grave que la prisión perpetua; el ex subcomisario ya había pasado los últimos diez años de su vida preso en el penal de Caseros desde su detención tras el caso Macri en noviembre de 1991.

Canicoba no lo condenó solo por raptar al heredero de uno de los mayores industriales del país; lo condenó como miembro de la "Banda de los Comisarios", la mayor organización de secuestradores de la historia argentina, una agrupación de policías ultraderechistas vinculados a tareas represivas y de inteligencia negra que cometió raptos durante la dictadura militar para hacer caja, o para ellos mismos o para altos mandos del gobierno de facto. En total, sus botines sumaron más de 12 millones de dólares.

Para Ahmed, el juez Canicoba incluyó en la lista para su condena al empresario hotelero Julio Ducdoc, raptado en 1980 y que jamás apareció, al joyero Roberto Apstein, a la joven Karina Werthein, sobrina del titular del Banco Mercantil. Sergio Meller, hijo de Jaime Meller, un acaudalado empresario textil, fue secuestrado en noviembre de 1984, ya en democracia: lo hicieron bajar de un falso operativo policial de su BMW y lo ocultaron durante cuatro meses y tres días en la misma casa que Macri sobre la avenida Garay en 1984. La familia Meller pagó cuatro millones de dólares para volver a verlo. Meller regresó a la casa en 1991, para reconocerla junto a Macri en una recorrida policial. Alfredo "Poroto" Vidal, un viejo conocido de Ahmed en la carrera policial y también un ex subcomisario, participó en varios de los hechos: fue detenido en 2001 luego de estar diez años prófugo.

Con el tiempo, Ahmed salió. Su caso fue revisado por la Sala I de la Cámara Federal en junio de 2004, en ese entonces a cargo de los jueces Gabriel Cavallo y Horacio Vigliani, que redujeron su pena a 25 años de cárcel. Gracias al beneficio del 2×1, el ex subcomisario pudo dejar atrás de las puertas de Marcos Paz, su segundo destino en prisión, para volver a su familia en Parque Patricios. El día que salió, su hermano Ismael, ex comisario mayor de la PFA que dimitió de la fuerza cuando José fue detenido, lo esperaba en un auto para traerlo de vuelta a casa. Hoy, con 78 años y con un prontuario infame, Ahmed no es ni desafiante o displicente en su hablar, no con su mayor víctima sentada en la silla principal en la Casa Rosada. "No puedo decir que mi familia esté orgullosa de lo que hice", asegura.

El ex subcomisario se niega a una entrevista cara a cara. Del otro lado del teléfono, Ahmed entra en un pequeño monólogo que no tiene ganas de romper. Para el hombre que secuestro a Macri, morir fuera del ojo público parece el mayor valor posible: "Volver a 1991 me parece muy triste. No por mí, sino por mi familia. Somos 20, hay muchas criaturas. Me dediqué a ser escritor, escribí diez libros. Sufrí un fuerte cáncer de próstata. Quiero vivir lo que me queda de vida en familia y tranquilidad. Mi conversación con usted será el último recuerdo de este hecho en el camino que me queda". Luego, casi de la nada, suelta una frase al menos llamativa, un elogio para su vieja víctima: "Mauricio Macri es un hombre admirable".

-¿Lo votó?

-Sí, lo voté.

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