Según el Papa, podemos usar condones en algunas ocasiones
Joseph Alois Ratzinger nació el 16 de Abril de 1927 en el pueblo de Merktl, en Alemania y el 14 de abril del año 2005 se convirtió en el Papa número 265 bajo el nombre de Benedicto XVI. Una de las primeras declaraciones que formuló estuvo referida a que había que decirle “Benedicto diez y seis” pero no “Benedicto décimo sexto”. Así como el Papa Juan XXIII pasó a la historia como “El Papa Bueno” y Juan Pablo II como “El Grande”, al actual pontífice lo denominan “El Papa teólogo”.
A poco de ser elevado a la categoría de Papa aparecieron informaciones que lo daban como adicto al nazismo que gobernó Alemania y media Europa desde 1933 hasta 1945. Se pudo saber que este hijo de un gendarme había sido convocado para integrarse a un grupo antiaéreo donde permaneció unos meses para ser luego licenciado y regresar a su casa. Vale destacar que en 1939, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Joseph Alois tenía 12 años, tal vez integrando las obligadas “Juventudes Hitlerianas” y su paso por el ejército habría tenido lugar poco antes de finalizar la contienda en 1945 con la derrota de los alemanes.
Protagonista de una brillante carrera, ha publicado numerosos libros entre los cuales los vaticanistas señalan su “Introducción al cristianismo”, “Dogma y revelación”, “La sal de la tierra”, “Informe sobre la fe” y el que es considerado el último trabajo literario: “Jesús de Nazareth-La esfera de los libros”.
Con frecuencia, sus libros han causado revuelo entre los católicos lo mismo que sus declaraciones. Por caso, cuando dijo que “el protestantismo no es herejía”, los ultra católicos de los Estados Unidos de Norteamérica pusieron el grito en el cielo
A poco de asumir como Papa, fue acusado públicamente de proteger a los curas pederastas y es conocida su posición frente a cuestiones como el aborto y la homosexualidad. Le tocó pedir disculpas por los casos de pederastia. Fue un duro trance.
Es probable que lo que haya causado más “ruido” en estos últimos tiempos haya sido su tácita autorización a los hombres a utilizar condones “cuando tengan relaciones con prostitutas”.
Es evidente que el pontífice incurre en un flagrante acto discriminatorio al dejar afuera a las mujeres que no ejercen la prostitución en forma visible (que –supuestamente-, las hay) a partir de que todas las damas son aptas para manejar una ETS (Enfermedad de Transmisión Sexual) al margen de su condición social, nivel económico, profesión y grado de instrucción.
Según la OMS (Organización Mundial para la Salud), al condón o preservativo le asignan un 97 por ciento de efectividad en la lucha contra el SIDA y nada tiene que ver la prostitución en este asunto que se desarrolla en el exclusivo ámbito de las relaciones sexuales.
Tal vez el Papa perdió una brillante oportunidad de dirigir un mensaje “urbi et orbi” señalando la conveniencia de utilizar condones no sólo para impedir contagios sino para evitar embarazos no deseados especialmente entre las adolescentes.
Tal vez en estas falencias -entre otras cosas-, esté la causa de la ostensible merma que se registra en lo tocante a tomar los hábitos por parte de la gente. Con un Papa que parece detenido en al Edad Media el atractivo que puede ofrecer el sacerdocio pierde fuerza. Y lo más grave: aumentan las sectas, los brujos, los “manochantas” y los parapsicólogos por no citar otros “especialistas” que lucran descaradamente.