"Si tuviera que elegir, elegiría la misma vida"
El diario La Nación destacó la historia de vida de la artista catamarqueña Celeste Moya, donde reafirma sus sueños y objetivos.
El diario La Nación publicó una extensa nota dedicada a la artista plástica catamarqueña Celeste Moya, en la que destacan su historia de vida y su esfuerzo para superarse día a día a pesar de sus dificultades físicas.
“Hace 38 años, en un hospital de Catamarca, Celeste Moya llegó al mundo y le dio inicio a una etapa marcada por grandes enseñanzas. Para ello, tuvo que afrontar contratiempos desde el primer instante, cuando descreídos de su voluntad, los médicos no quisieron entregarla a sus padres, quienes tuvieron que insistir que sí, que tal como ya lo habían expresado desde el comienzo, deseaban tenerla, cuidarla y amarla. Es que la niña había nacido sin sus brazos, y sus piernitas, con síntomas irreversibles, jamás le permitirían caminar. A pesar de ello y contra todos los pronósticos, a lo largo de su vida Celeste hizo mucho más que eso: ella voló y traspasó las fronteras de lo imaginable; creció, soñó, amó y viajó por el mundo, algo que hoy, con seguridad, sabe que seguirá haciendo mientras tenga vida”, comienza la nota, escrita por la periodista Carina Durn, responsable de la sección “Grandes Esperanzas”.
Cuenta que en su niñez, con sus amigos y primos, compartieron miles de aventuras en la localidad de El Rodeo. "Mi infancia fue una de las épocas más lindas de mi vida", revela Celeste, "Al vivir en un pueblo, fue la más pura que se puede experimentar; con mis primos, que me hicieron partícipe de cada aventura y travesura, fui feliz. En Catamarca nunca me sentí discriminada.
Mis compañeros y los profesores se fueron adaptando a mí y, más que una alumna, era como una hija. La escuela secundaria también fue otro de los momentos muy lindos. Atravesar la adolescencia junto a mis amigos y compañeros por ahí me resultó un poquito más duro, allí me fui dando cuenta de que era distinta, en especial al ver a mis compañeros ponerse de novios y yo no, pero tampoco fue algo que me detuvo". Fue justamente en la secundaria, que le tocó marcharse a vivir a la capital de la provincia. Allí, pensando en su futuro, su madre la invitó a cursar clases de pintura en la extensión universitaria. Fascinada por el descubrimiento, Celeste se enamoró del arte, que resultó ser la puerta de entrada hacia la aventura más fantástica de su vida.
Pero ella jamás permitió que sus circunstancias de vida fueran un impedimento y, desde muy pequeña, aprendió a manejarse con sus pies: "Con ellos como, me maquillo, tejo a crochet y más. Siempre he tratado de manejarme sola, en lo posible", afirma Celeste con una sonrisa. "Ya de grande me volví muy tecnológica. Aprendí a dominar la computadora, el celular, la tablet y todo lo hago con los pies. Nunca me sentí disminuida, aunque puedo decir que en la ciudad siempre hay un poquito de discriminación; falta educación en la sociedad. Aún así, eso jamás me frenó y siempre estuvo mi mamá a mi lado, apoyándome. Cuando empecé las clases de pintura ella era la que me llevaba al taller caminando o en vehículo. Es la que nunca me dejó caer en ningún sentido", continúa.
El arte y su evolución
Gracias a su pasión por la pintura, la vida de Celeste entró en una etapa de gran crecimiento: descubrió el amor de pareja y, como consecuencia de su gran talento, comenzó a viajar, lo que le permitió conocer otras personas, culturas y visiones del mundo. "Y luego, llegó la Asociación de Pintores con la Boca y el Pie, que también me dio una amplia apertura y experiencia. Pude enviar mis pinturas a Suiza, las cuales son reproducidas en tarjetas y vendidas en todo el mundo. También, fui becada por dicho país, lo que me incentivó a seguir perfeccionando mi arte", cuenta con orgullo.
En la actualidad, Celeste considera que atraviesa una de las etapas más motivadoras e importantes de su vida. Empezó a trabajar por los derechos de las personas con discapacidad, entre otras cosas, para concientizar acerca de la inclusión, y para que las metas de cada uno de ellos no se alcancen únicamente a través de los esfuerzos individuales, sino que cuenten así mismo con un marco de apoyo que las fomente. "Siento que mi labor, aparte de ser artista, es brindar coraje y demostrar que se puede a pesar de todo. Que nunca hay que rendirse. Como creyente siempre digo que, si Dios me diera la posibilidad de volver a nacer, elegiría vivir de la misma forma, porque no considero que mi vida haya sido más difícil que la de otros. He tenido más alegrías que tristezas en la vida. No hay excusas para no hacer lo que soñamos, los límites los pone nuestra mente, si lo deseamos con el corazón podemos lograr cualquier cosa", concluye sonriente.