Terminal destruida
Andalgalá © A poco de haber sido inaugurada previo escandaletes varios, la nueva terminal de ómnibus de la ciudad de Andalgalá, muestra las imágenes del abandono y la desidia por parte de las autoridades municipales. En realidad, nadie se explica a dónde van y vienen los funcionarios de Obras Públicas, si todos los espacios están totalmente abandonados como la nueva terminal.
Con el registro de frecuentes y copiosas lluvias caídas en
la zona en las últimas semanas, los empleados de la Terminal mostraron
nuevamente su profunda preocupación por la falta de atención ante reiterados
reclamos que realizaron antes las autoridades competentes pidiendo la solución
de los problemas edilicios de esta enorme y ya emblemática estructura,
facturada como costosísima y pagada con fondos de regalías mineras, que se cae
a pedazos y pone en riesgo la seguridad
personal de los que trabajan en ella.
El edificio consta de
8 locales comerciales, espacios para locutorios, sala de encomiendas, oficinas, agencias de turismo, 10
boleterías, oficina de informes turísticos, sala de producción, exposición y
venta de artesanías, bar-restaurante con plaza exterior, un nuevo núcleo de
sanitarios públicos para ambos sexos y para discapacitados, oficina de
administración general, sala de mantenimiento, 10 dársenas cubiertas para
colectivos y 8 dársenas descubiertas, ingreso diferenciado entre vehículos
particulares, taxis, playa de estacionamiento para vehículos privados y
espacios exteriores parquizados con especies autóctonas lo que produjo que sea
considerada como la mejor de la región.
Las personas que a diario llegan a Andalgalá observan
azoradas el calamitoso estado en que se encuentra la Terminal, que es la cara
visible de todo un pueblo y muestra claramente la desidia y negligencia de las
autoridades que gobiernan a esta comunidad.
Sería bueno que el municipio, en lugar de trasladar
castigados, asigne personal idóneo para el mantenimiento de este edificio para
que brinde los servicios para los que fue construido y de paso evitar las
críticas, que son inevitables.