Tesoros históricos

Andalgalá © La Parroquia de Andalgalá, que honra a San Francisco de Asís, tiene una larga historia institucional ya que desde 1842 y con la titularidad del Padre Sanz, primer Cura Párroco –según la investigación de la Prof. Sandra Haddad- ejerce la Vicaría, siendo  casi el centro exclusivo de la vida social y religiosa de esta comunidad.

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Con el transcurso de las décadas, la parroquia fue acumulando elementos de culto, ornamentos confeccionados por las monjas del convento de Cristo rey, viejos misales escritos en latín, atriles, capas pluviales, imágenes sagradas, traídas de Europa desde el 1700 y hasta armonios con los que los fieles acompañaban sus cantos litúrgicos.

Todos estos elementos permanecen escondidos a pesar de la rica historia que los acompaña y en algún momento se tomó la decisión de construir los Museos, de Arte Sacro y de Historia Religiosa, emplazados en espacios vacíos del templo remodelado.

La sucesión de párrocos, cada uno con sus pequeños y domésticos egoísmos ha ido postergando tan loable iniciativa que serviría para ilustrar a la población acerca de esa historia que algunos se empecinan en esconder.

Cuando se comenzó la obra de reconstrucción y ampliación del templo parroquial, la empresa encargada de las tareas actualizó la idea, la que fue casi violentamente anulada, hasta con denuncias policiales injustas y absurdas, por el entonces párroco Dardo Olivera, frustrando los trabajos de restauración y de clasificación de los elementos históricos. Su sucesor, Renato Rasgido terminó haciendo desaparecer, no sólo la idea de dar valor histórico a estos elementos, sino también a toda iniciativa que implique el ingreso de personas en los distintos ambientes del templo, que en definitiva está haciendo desaparecer a la Iglesia como institución, mientras el Obispo Urbanc, parece mirar hacia otro lado, mientras proliferan las comunidades protestantes.

En tanto, esos maravillosos armonios a pedal, se destruyen o son devorados por las ratas y otras alimañas, las enormes arañas de bronce, permanecen escondidas debajo de las tribunas de la cancha, manchadas por el verde del óxido y los misales y breviarios se apelmazan ante la indiferencia clerical. Ni hablar de los reclinatorios, ya en desuso, pertenecientes a ilustres fieles que están amontonados en rincones, tapados por estiércol de murciélago.

Naturalmente, el culto se agiornó y el CD ha reemplazado al órgano y mucho más al armonio, pero es válido que se conozca que con  ellos, muchas generaciones de católicos han aprendido a cantar a su Dios, guiados por el padre Arturo Figueroa, por ejemplo.

En realidad, una larga historia, y si alguien quiere saber de indiferencia, desidia y  egoísmo, puede venir a esta ciudad de San Francisco.

 

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