Todo está como era entonces

Andalgalá © Luego de realizadas las elecciones y ya acallados los ruidos panfletarios y el choque entre facciones de diferente ideología y escasa tolerancia y respeto, la ciudad de Andalgalá ha vuelto a la normalidad.

POLITICA

El intendente sigue escondido en su despacho, custodiado por sus guardaespaldas; el tránsito continúa desordenado y hasta caótico mientras los agentes municipales se embelesan con las maravillas de la virtualidad del celular; los alumnos de las secundarias del centro siguen copando la plaza en horario escolar sin que nadie les diga nada; algunos consumen estupefacientes impunemente; las motos invaden el centro con los escapes demasiado libres, casi siempre ignorando los semáforos que siempre funcionan bien a pesar de la depredación y el vandalismo constante, como para hacer de ésta, una de las ciudades más ruidosas de la provincia; los mismos taxis con los mismos conductores aburridos esperan eventuales pasajeros, mientras un inmenso colectivo pasa raudamente por las esquinas de la plaza; las calles sigue inmundas, como consecuencia de irresponsabilidades compartidas; los bares llenos de sacha patovicas mentales durante las mañanas durante la cual se murmura y conspira sin sentido ni destino.

Los funcionarios provinciales que invadían en los tiempos de campaña, literalmente han desaparecido como si se los hubiera tragado la tierra mientras los expectantes quedaron "mirando por la bragueta” como dice el dicho popular.

De cualquier manera, luego de los resultados electorales, claro indicador de muchas cosas referidas a la estructura comunitaria y a la cosmovisión de sus habitantes, la ciudad de Andalgalá es considerada por muchos que saben, como un verdadero laboratorio social porque es aquí donde proliferan experimentos y fenómenos casi incomprensibles en cuanto al surgimiento y decadencia de personas y circunstancias, que reñidas con la línea de lógica y normalidad, crecen y se encumbran para luego caer estrepitosamente para ser devoradas por el olvido y el hastío de la misma gente que las ha hecho crecer.

La ciudad ha vuelto a la normalidad, si es que alguna vez fue "normal” en términos de equilibrio y organización comunitaria.

Muchos pensaban que el comicio que ha pasado produciría algún cambio en el habitual movimiento de esta sociedad, pero nada pasó.

Todo sigue igual o peor, porque aunque se lo quiera ocultar, subyace oculto pero a flor de tierra, el resentimiento y la enemistad  generada por el fundamentalismo cultural o político que atenta seriamente en contra de las ansias de progreso que tienen las personas.

  

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