Tomar el tema minero con seriedad y mucha memoria

Que los catamarqueños perciban que con la minería estamos mejor, que hay más y mejores trabajos para nuestros comprovincianos y que los fondos distribuidos por las regalías se redireccionen hacia nuevos proyectos productivos o en obras de infraestructura que enaltezcan nuestras condiciones de vida.

ECONOMIA

La minería en Catamarca es un tema muy serio, y que, por lo tanto, debe ser tratado con mucha responsabilidad y sobre todo con el sano ejercicio de la buena memoria. 

No se puede admitir a esta altura de los acontecimientos, que el ex gobernador, ex diputado nacional y actual senador nacional Oscar Castillo, diga muy suelto de cuerpo que su colega en la mayoría de esos cargos, Eduardo Brizuela del Moral haya tenido “una política de Estado diluida\", respecto de esta crucial actividad para el desarrollo y crecimiento productivo de la provincia.

Debieron pasar 20 años de gestión del Frente Cívico y Social, después del período inaugurado por su padre Arnoldo Castillo, continuado por el propio Oscar Castillo y cerrado -por la voluntad de la mayoría de los catamarqueños- por el correligionario del senador, el Ing. Brizuela del Moral, para definir que el manejo de éste último en materia minera fue “licuada, derretida, agriada…”, según algunos de los sinónimos de la expresión “diluida”. “Hacer que un cuerpo o una sustancia, al mezclarse con un líquido, se disuelva…”, “repartir entre varias personas el mando, las responsabilidades o las atribuciones”, o “hacer que disminuya la concentración de un líquido, generalmente añadiéndole disolvente u otra sustancia; diluir la pintura con aguarrás, por ejemplo”, son algunas de las acepciones que los diccionarios asignan a la calificación que Castillo imprimió a la gestión de Brizuela en el ámbito minero.

En realidad resulta difícil imaginar qué interpretación le dio el parlamentario a sus dichos, que en todo caso pretendió “diluir” las responsabilidades propias en tan puntual problemática, después de haber desempeñado idénticas funciones a las del último radical en el poder.

En la misma sintonía, otra referente del radicalismo “celeste”, la diputada provincial Silvina Acevedo, consideró que la minería es “muy importante” para la provincia, aunque en una cabriola solo comparable a la de su “conductor”, se pronunció por la modificación de la legislación “aprobada en la década el ‘90”, porque “no estoy de acuerdo con seguir con las leyes mineras de la época del ex presidente Carlos Menem”. ¿Qué les pasa?, ¿dónde estaban Oscar Castillo y Silvina Acevedo, cuando en la década del ’90 sus padres –amigos muy cercanos- Don Arnoldo y “el Jonnhy” Acevedo, se congratulaban por ser “elogiados” como los mejores discípulos de Menem y su ministro de Economía, Domingo Cavallo?.

Únicamente desde el pedestal más alto de la hipocresía, particularmente Oscar Castillo, podría despegarse de lo que ocurrió en Catamarca con la minería, como lo que aconteció también en los tiempos “dorados” del FCyS con la vergonzosa entrega del Banco de Catamarca o la claudicante transferencia del IPPS (Caja de Jubilaciones), que significaron la histórica pérdida de nuestra decisiones autónomas en esos aspectos tan esenciales para el desenvolvimiento de la comunidad provincial.

Fue en esa época de pleno poder “castillista” cuando se sancionaron todas las leyes mineras que aún rigen en Catamarca. Cuando el FCyS –con la oposición del peronismo- aprobó las claudicantes y vergonzosas regalías del 3 por ciento boca-mina, con la deducción de los costos de explotación, que reducen a un insignificante 1,5 por ciento las utilidades que recibe la provincia. Y fue también en la cúspide de aquella sociedad “castillo-menemista” cuando se adjudicó la explotación de Bajo La Alumbrera, y desde el gobierno de Don Arnoldo, y más tarde de Oscar y de Brizuela, se decía que “Andalgalá iba a ser una ‘ciudad luz’…, como París”, desacreditando cualquier argumento que imaginaria este todavía oscuro presente. Y pensar que según los datos de la misma empresa La Alumbrera (La Nación, 19 de febrero de 2012) –porque el FCyS nunca brindó una información pormenorizada-, hasta 2010 esta compañía minera exportó minerales extraídos de Catamarca por 43.848 millones de pesos, casi diez veces la inversión inicial de 1300 millones de dólares (en tiempos del ‘1 a 1’ de la convertibilidad de Cavallo). Que sólo en 2010 exportó por 6.390 millones de pesos, y que hasta el presente apenas aportó 3.916 millones de pesos a la economía nacional, en impuestos, regalías, utilidades, etc. En esta última cifra están contenidas las migajas que Catamarca percibe por regalías.

En aquella publicación del diario La Nación, que aquí se cita, se precisó que “en 2010, esa tarea le permitió (a La Alumbrera) exportar mineral por 1590 millones de dólares o 6390 millones de pesos: en un sólo año facturó más de lo que invirtió para iniciar la producción de la mina (1300 millones de dólares). Entre 1999 y 2010, la facturación declarada por la empresa acumuló 10.962 millones de dólares, casi diez veces la inversión inicial. La crisis mundial de 2008 disparó los precios de los metales, por lo que las ganancias del año pasado -se difundirán en abril- elevarán el promedio”.

Ese escandaloso festival de utilidades para La Alumbrera, mientras Andalgalá, Belén y Santa María, con sus pueblos aledaños, siguen postergadas; cada vez son menos los operarios catamarqueños, como también más escasos los insumos que la minera adquiere o consume de la producción provincial.

Ese desaliento casi generalizado permitió el ingreso y la amplificación de los discursos apocalípticos de los ambientalistas, que de manera parcialmente engañosa van penetrando con el argumento de que “nos quedamos sin agua y sin salud, mientras las mineras se llevan nuestras riquezas”. Y aludimos al término “parcialmente”, porque aunque no son ciertos, ni científicamente probados, los niveles de contaminación, es una palpable realidad que esas “riquezas nuestra” no quedan en Catamarca.

De allí que desde el movimiento obrero organizado estamos sumándonos a la propuesta de una explotación minera sustentable y controlada, como promueve la compañera gobernadora Dra. Lucía Corpacci, pero con las más amplia difusión y claridad de todos los procesos inherentes a la actividad.

Queremos saber cuánto se extrae de oro, cuánto de cobre y cuánto de molibdeno, pero con los números ciertos que brinde un organismo provincial competente, y no los dibujos engañosos que proporciona la empresa. Igualmente aspiramos a que se modifiquen las actuales normas mineras, para que Catamarca acceda a mayores riquezas y que las mismas se derramen con certeza sobre el pueblo de la provincia.

Que los catamarqueños perciban que con la minería estamos mejor, que hay más y mejores trabajos para nuestros comprovincianos y que los fondos distribuidos por las regalías se redireccionen hacia nuevos proyectos productivos o en obras de infraestructura que enaltezcan nuestras condiciones de vida.

Aspiramos cierta y esperanzadamente al futuro de una Catamarca minera, pero también con bienestar y felicidad para todos los catamarqueños. Por eso es que debemos ser serios y no perder la memoria. Pedro Armando Carrizo Delegado CGT Delegación Regional Catamarca 


Enviado por: pedro carrizo
E-mail: uniontranviarios@hotmail.com

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