Tucumano llega en silla de ruedas a ver a la Virgen del Valle
Sol intenso. Calor. Lluvia. Frío. Dolor. Cansancio. Emoción. Esperanza. La ruta 38 se convierte en la vida misma, con sus matices que van de la alegría al llanto y de la angustia a la paz.
Van de a pie, en bicicleta o en silla de ruedas, como el
joven René. En el camino se van sumando los peregrinos hasta llegar al
santuario de
René Barrionuevo tiene 22 años, siete hermanos y una silla
de ruedas prestada por el club Fadip de San Cayetano. Pero lo más importante es
una familia, que lo acompaña y apoya en su promesa a
Con las manos vendadas para no lastimarse, René empuja su
propia silla por los
Sus padres, Héctor y Juana Ester, van a su lado, junto con
su cuñado y uno de sus hermanos. Detrás, una ambulancia del Siprosa le sigue
los pasos. "Quiero que todos vean lo que puede hacer un discapacitado. Que vean
que somos iguales a los demás, que dejen de discriminarnos. Porque los taxis no
nos quieren llevar cuando ven la silla y el colectivo no se detiene para que
subamos”, se despacha René.
Él mismo tuvo que dejar la escuela porque se le rompió la
silla de ruedas. En el camino le sucede lo que en la vida: hay conductores que
protestan y le tocan bocina, otros, en cambio, sacan medio cuerpo por la
ventanilla y le gritan "¡dale campeón!”.
René se queda con esta última frase. Juega al básquet y
sueña con ser campeón algún día y representar a la provincia. Discapacidad no
es sinónimo de debilidad ni de inutilidad, remacha.
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