Tutankamón es uno de los faraones más famosos de la historia. Pero, ¿qué sabes de él?

Tutankamón reinó durante una década y murió a los 18 en circunstancias que aún siguen siendo objeto de debate

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El nombre con el que le conocemos, Tutankamón, no fue el que le dieron al nacer, sino el de Tut-ankh-aton que significa “Imagen viviente de Atón”, en honor al dios, Aton/Sol que su padre había intentado establecer como única divinidad de Egipto.

Cuando se restauró el politeísmo de nuevo, tras la muerte de Amenofis IV, lo sustituiría por el que hoy conocemos en honor del dios Amon uno de los más importantes del Imperio Nuevo.

El padre de Tutankamón, el llamado el “faraón hereje”, Amenhotep o Amenofis IV (1353-1336 a.C.) cambió su nombre por el de Akenatón cuando convirtió al dios Atón (el disco solar) en deidad única y oficial del Estado en detrimento de Amón. Pero su revolución monoteísta sólo duró hasta su muerte. La tradición y siglos de politeísmo prevalecieron y tanto los sacerdotes como el pueblo se rebelaron y la reforma fue abolida violentamente.

 

  

 

¿Quién fue la madre de Tutankamon?

Estudios genéticos y de ADN realizados en las momias demuestran que Nefertiti, la Gran Esposa Real de Akenatón, que durante mucho tiempo fue considerada su madre, lo desmienten. Su madre fue la momia identificada como “La joven dama”, cuya tumba fue descubierta en 1898 (KV35) en Valle de los Reyes. Hija del faraón Amenofis III y de la reina Tiy, por tanto una hermana de Akenatón. En el antiguo Egipto casarse entre hermanos, tíos, primos, era práctica aceptada ya que la legitimidad real se transmitía por línea femenina.

 

 

Su momia presentaba signos de una muerte violenta que le provocó una herida profunda producida por un hacha, en el rostro, en la mandíbula izquierda y una puñalada bajo el pecho izquierdo. Contaba 25 años de edad. Lo curioso es que no se han encontrado relieves, pinturas, estatuas o inscripciones con su nombre. Ni en la famosa tumba de Tutankamón que tantos objetos personales ha conservado.

      

 

Tenía unos nueve años cuando ascendió al trono con el nombre Real de Nebkheperure y su reinado será breve y convulso. Con Tutankamón se acaba una etapa denominada “Periodo de Amarna”. Se llamó así por la capital que su padre fundó: el “Horizonte de Atón”, en árabe Amarna. Restaurará el politeísmo y se pondrá fin a un período traumático en la historia de Egipto, la "herejía de Amarna": se instaurará el culto a Amón, Tebas volverá a ser la capital del dios y la corte se instalará en Menfis. Se devolvieron los bienes a los templos y se rehabilitaron a los poderosos sacerdotes de Amón.

 

 

Es entonces cuando Tutankatón cambiará su nombre por el de Tutankamón, "Imagen viviente de Amón", como su esposa, Ankhesenatón, que pasará a llamarse Ankhesenamón. Por cierto, la esposa de Tutankamón era una de las hijas de Akenatón y Nefertiti, hermana por parte de padre del faraón.

 

 

Análisis realizados a la momia han revelado que no gozaba buena salud debido, parece ser, a la endogamia. Tenía un pie equinovaro congénito (padeció cojera y se han hallado 130 bastones completos o fragmentarios, algunos de los cuales muestran claros signos de uso), una enfermedad de los huesos y caderas anchas. Las causas de su muerte no se conocen con exactitud, pero su momia revela que tenía 18 años cuando sucedió: “(…) se creyó que había sido asesinado o había muerto en un accidente de carro debido a que sus huesos presentaban fracturas, pero el avance de las tecnologías médicas ha permitido examinar más detalladamente su momia y encontrar indicios de necrosis ósea y malaria, por lo que es posible que muriera a causa de una infección” (NatGeoHistoria).

 

 

La tumba de Tutankamón (KV62) en el Valle de los Reyes, lugar de enterramiento de los faraones y la realeza durante siglos, es una de las pocas que se han encontrado intactas. Aunque sí fue saqueada (se sabe que lo fue al menos en 2 ocasiones) se limitaron a las zonas exteriores y no llegaron a la cámara del sarcófago, que fue hallada intacta y con un tesoro de más de 5.000 objetos.

 

 

El descubridor de la tumba, Howard Carter, ya había desistido de hallar una tumba intacta de un faraón después de más de 8 años de trabajos infructuosos cuando el 26 de noviembre de 1922, y por casualidad, un chico que trabajaba en la excavación dio con una entrada tapada por una roca, el resto es historia.

 

 

Carter vio algo maravilloso después de más de 3.200 años. Tras el descubrimiento corrió el rumor de una supuesta maldición que se cobraba la vida de toda persona que se acercase a la tumba de un faraón. Lo cierto es que sí murieron varios de los presentes en el evento: Lord Carnarvon, mecenas que financió la excavación (murió por una infección tras ser picado por un mosquito); su hermano, A. Herbert, testigo del descubrimiento; el arqueólogo Arthur Mace, que abrió la cámara funeraria; Archibald Douglas Reid, quien radiografió la momia, en fin…Lo cierto es que de las 58 personas presentes en la apertura de la tumba y del sarcófago de Tutankamón sólo murieron ocho en los doce años siguientes.

 

 

En relación a estas muertes y sobre si es posible que estuvieran relacionadas con la tumba, el microbiólogo de la Universidad de Salamanca Raúl Rivas sugiere que la explicación podría encontrarse en microorganismos, microtoxinas de la cámara funeraria, probablemente producidas por hongos (Aspergillus niger y Aspergillus flavus) y bacterias patógenas (Staphylococcus y Pseudomonas) cuyas esporas pueden permanecer viables durante siglos o incluso milenios.

 

 

En realidad la maldición fue alimentada por los medios de comunicación sensacionalistas de la época. “Los antiguos egipcios, en lugar de maldecir a quienes se ocupasen de ellos, pedían que se los bendijera y dirigiesen al muerto deseos piadosos y benévolos.” (Reverte Coma, J. M. “El enigma de la maldición de los faraones”) 

 

 

Los guardianes del Rey Tutankamón

Cuando en 1922 Carter descubrió la tumba de Tutankamón, en la antecámara de encotró, ademas de miles de objetos, dos estatuas de gran tamaño que flanqueaban el muro tras el cual se hallaba la tumba del Rey.

Su aspecto enseguida hizo pensar que se trataba de dos guardianes, centinelas que custodiaban el buen descanso de su señor. Estas estatuas hechas de madera y escayola pintada en negro y dorados, son muy parecidas, aunque cuando te fijas ves ciertas diferencias. Ambas están en actitud de caminar con un pie avanzado y en la mano izquierda portan un báculo de papiro y una maza en la derecha.

 

 

Las dos llevan un collar ancho sobre el pecho del que pende un escarabajo alado, muñequeras, brazaletes, faldellín trapezoidal hasta las rodillas y calzan sandalias, todo dorado. Los ojos, de obsidiana y piedra caliza, penetrantes parecen mirar fijamente al infinito, intimidando a aquellos que osen profanar a su señor. La frente esta ceñida por el ureo, la cobra protectora de la realeza. A simple vista se puede ver que uno porta un tocado ceremonial “nemes”, utilizado por los faraones egipcios en muchas de sus representaciones. Cubría la cabeza, dejando al descubierto las orejas y sujetándose detrás con una especie de nudo trenzado.

 

   

 

El otro guardián va tocado con el “afnet” o “khat”, con forma redondeada. Y aunque ambas estatuas tienen inscripciones en sus faldellines, ésta está identificada como "el ka de Horakhty, el Osiris, rey, señor de las Dos Tierras, Nebhkheperure, de voz verdadera", por lo que representaría el “ka” del rey. El “ka” es un concepto abstracto difícil de definir, uno de los cinco componentes del espíritu (ib, ka, ba, aj, ren y sheut), era una fuerza vital que acompañaba y protegía a la persona en vida y tras la muerte.

 

 

 

Debía ser alimentada con comida y bebida para poder sobrevivir, de no ser así el hombre no tendría una vida eterna. Los vigilantes del rey no dudarían en neutralizar a quien osase perturbar a su señor protegiendo con su vida la entrada a su cámara funeraria, el lugar más sagrado e inviolable. Casi lo consiguieron, aunque fue saqueada en la antigüedad, al menos dos veces según los expertos. Hay evidencias de una abertura en las esquinas superiores de las puertas selladas y que después fueron precintadas. Se estima que el 60 % del ajuar fue robado. Algunos de los objetos se encontraron en la tumba KV54, perteneciente a Horembeb faraón entre 1323 a 1295 a.C. 

 

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