Lo único que faltaba: cascos “truchos”
Con motivo de un accidente protagonizado por un motociclista que resultó gravemente lesionado (Traumatismo de cráneo), la crónica respectiva aportó un dato inquietante: de resultas del impacto el casco se partió en cuatro pedazos.
Lo consignado sugiere un material similar a un ladrillo cerámico o común, susceptible de partirse con un golpe. En absoluto apto para proteger un cráneo humano.
No somos expertos en cascos protectores. En algún momento utilizamos los de uso aeronáutico provistos de auriculares y micrófono y los más comunes, como motociclistas, de factura más sencilla.
En algún documental vimos cómo se fabrican los cascos protectores, a partir de materiales compuestos formando capas unidas entre sí a alta presión. Obviamente, nada con condiciones mecánicas capaces de partirse o fraccionarse por efectos de un golpe.
Para dividir la cúpula de un casco correctamente fabricado se nos ocurre un certero golpe con un sable muy filoso o una motosierra. Un garrotazo con un bate de béisbol o un martillazo producirían solamente una abolladura. Supuestamente, algo parecido ocurriría si el casco, colocado en la cabeza de una persona, golpeara contra el suelo o contra un obstáculo cualesquiera.
De ahí lo inquietante de lo señalado en el caso de este siniestro: ¿”Trucholandia” (O sea la Argentina) ya incorporó “tecnología de punta” y fabrica cascos “truchos”, de esos que no cumplen con las Normas Iram?
Porque la fabricación de cacos protectores en general y los de uso deportivo en particular deben reunir ciertas y determinadas condiciones para obtener la homologación pertinente que establecen las conocidas “Normas Iram”. Todos los productos debidamente homologados llevan un sello distintivo que acredita que ese producto ha satisfecho las exigencias técnicas que requieran las referidas normas.
Pero ahora, ante la más mínima sospecha, será necesario verificar la calidad de los cascos que utiliza la gente y la de los que se hallan en venta a disposición del público.
Lamentablemente, en este caso, lo falso puede costar vidas humanas.