Un viaje al fantástico mundo de Dimas Melfi

La vida nunca es un relato lineal. El artista Dimas Melfi eligió contar su propio trayecto artístico a partir de un viaje, o varios, por su obra. Fue una excursión visual y comentada que se propuso como cierre de su muestra “Mares de té, Islas de azúcar” que culminó este viernes 7 de noviembre en el Museo Provincial de Bellas Artes Laureano Brizuela.

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Y si bien eligió comenzar ese viaje colectivo a su obra a partir de sus primeros dibujos/recuerdos plasmados en papeles sobrantes de los planos que hacía su padre, constructor de profesión, después fue desplegando el abanico de soportes y técnicas con las que fue jugando y buscando hasta llegar al estilo que hoy lo define, donde la nostalgia, lo onírico y lo fantástico se apropian de objetos y temas de la vida cotidiana.

 Los gatos, el té, los bosques, las muñecas rusas, los mapas, frases poéticas de canciones o robadas de algún libro que dicen -y se contradicen- forman parte del universo del artista, un universo en el que construye a partir de los más mínimos detalles.

De profesión arquitecto, Dimas contó que prefiere despojarse u "olvidarse” de la técnica a la hora de crear y que, por eso, trabaja con la desproporción, con lo fantástico y los relatos imposibles. "Más allá del dibujo, donde sí tuve formación técnica, las demás cosas las fui aprendiendo a mi manera, no quería depender tanto de la técnica sino trabajar a prueba y error”, comentó durante la charla que aprovechó la fresca noche para desarrollarse en el patio del museo.

Dibujos, mapas, bordados y fotografías, casi siempre intervenidas con dibujos a mano alzada o digitalizados, fotos que terminan siendo collages donde todos los elementos dicen y se desdicen, objetos de culto –como las tazas de té- que se reiteran en fotografías y expuestos en su obra aparecen como técnicas y temas que se solapan y vuelven a expresarse en lugar de su creador.

Contó que le gusta jugar en dos planos paralelos, buscando las dualidades y así, obras que aparentan un estilo de ensueño o más naif, se develan -apenas con un juego de palabras que les imprime el autor- como manifestando exactamente lo contrario. "Mi idea es dejar las puertas abiertas para que puedan entenderse también otras cosas”, señala.

Por su parte, Laura Maubecín, directora del Museo Laureano Brizuela, celebró la muestra del artista, cordobés que creció y vive en Catamarca, y destacó cómo a partir de la apertura a los artistas emergentes el museo está felizmente recibiendo la afluencia de nuevos públicos que, en muchos casos, comienzan a tener sus primeras experiencias de consumo artístico.

 

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