La vida por una vivienda

Con la muerte de Valeria Arreguez, la joven madre de dos chicos que se inmoló en dependencias del IPV, muchos burócratas o desinformados supondrán que se cierra un expediente.

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En medio del dolor que causan estos hechos nos parece que el sacrificio de esta mujer debe servir de punto de arranque en lo tocante a arbitrar –pero en serio-, los medios para que nunca más la obtención de uno vivienda pase por un atentado contra la vida de ocasionales postulantes.

La gobernadora, al enterarse del deceso de Valeria, se trasladó presurosa al hospital para consolar a los familiares. Pero no estuvo sola en este incómodo momento: el presidente del IPV también se hizo presente junto a otros funcionarios.

Sería interesante conocer qué se le puede decir a los deudos de esta desdichada mujer. Cómo explicarle a los chicos --convertidos en huérfanos de madre-, que la falta de un techo puede ocasionar severos desequilibrios en las personas impulsándolas a incurrir e delitos penados por la ley, como son la coacción y el suicidio.

Porque nos guste o no y a riesgo de ser tildados de locos, la señora que se prendió fuego manejó una forma de coacción contra el IPV y para que a los burócratas no le quedaran dudas de que la cosa iba en serio, apeló -en un evidente rasgo de insanía-, a lo más extremo: quitarse la vida en un gesto totalizador de su repudio hacia un sistema perverso y obsceno hasta más no poder que debe ser erradicado definitivamente como instrumento destinado a otorgar viviendas.

Al cabo de casi 40 días de asumir el gobierno, la doctora Lucía Corpacci ha recibido un duro golpe, un rebote de las canalladas perpetradas por su antecesor.

Confiamos en que -haciendo gala de un elevado nivel de sentido común-, los responsables de la nueva gestión aprendan esta durísima lección y en lo sucesivo, actúen en consecuencia.

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