Villa “turística” de Las Pirquitas, la mal querida
No hay caso, Las Pirquitas es, definitivamente, la herencia maldita del Frente Cívico y Social; como el “hijo bobo” al que si no se lo puede ocultar, tampoco hay que procurarle una existencia larga ni mucho menos feliz, hasta que desaparezca. El destino oprobioso y oscuro que convirtió en ruinas a la Residencia de los Gobernadores, hoy se cierne con los mismos síntomas de desprecio y olvido sobre la hostería de la denominada villa “turística” del departamento Fray Mamerto Esquiú.
El pecado de Pirquitas, es haber nacido y crecido en torno de una obra peronista; su origen la condena, podría haber escrito un autor tanguero. La construcción del dique que le dio vida fue gestada el 9 de septiembre de 1947, cuando el Consejo de Administración de la Dirección General de Agua y Energía de la Nación, durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón, aprobó la documentación técnica para su ejecución, y el primer hito de su realización “fue el camino de bajada hacia el futuro paredón, en tiempos de la gobernación de Vicente Saadi, empleando numerosa mano de obra local y realizado por la empresa de Agua y Energía Divisional Catamarca”.
La historia describe que “el personal encargado de la obra ascendía a dos mil, entre obreros y técnicos”, para quienes se levantaron “casas y casillas prefabricadas de madera traídas de Noruega, destinadas a los obreros…, mientras que los técnicos habitaban casas de material, hoy ocupadas por lugareños”.
La que luego fuera Residencia de los Gobernadores y lo que hasta hoy sobrevive lastimosamente como la Hostería de Las Pirquitas, formaron parte de las valiosas edificaciones de aquellos tiempos, que una vez terminado e inaugurado el dique en 1961, pasaron a la provincia mediante un convenio con Agua y Energía de la Nación.
Como “Residencia Oficial” de Las Pirquitas, y luego de algunas ampliaciones en los mismos terrenos cedidos por Agua y Energía, fue inaugurada en 1974, durante la gestión peronista de Hugo Mott, siendo habitada por sucesivos gobernadores hasta 1991. Los períodos de mayor auge y esplendor se remontan a los mandatos de Ramón y Vicente Saadi (2do. mandato), en que por sus patios y salones desfilaron notorias personalidades de la vida política del país. Carlos Menem, a los pocos días de ganar las elecciones presidenciales de 1989, celebró allí su triunfo con los “compañeros” catamarqueños. También existen relatos de “mala prensa”, nunca comprobados, pero que tampoco, y de ninguna manera, justificaban el miserable estado de abandono a que la sometieron las sucesivas gestiones radicales del Frente Cívico y Social.
Ni Arnoldo Castillo, ni su hijo Oscar, como tampoco el más reciente mandatario de origen radical, Eduardo Brizuela del Moral, le dieron uso como “Residencia Oficial”, lo que tampoco habilitaba a su saqueo.
Más de cinco dormitorios, salones de reuniones, comedores, dependencias de servicio, quincho, pileta y una cancha de tenis, todo enmarcado en el verde escenario que brinda el magnífico embalse en medio de las montañas, desaparecieron. Todo lo clavado y plantado, aberturas, equipos de refrigeración, costosos muebles, alfombras, arañas de iluminación y/o rejas, que podían tener alguna utilidad, fueron robados, hurtados o, simplemente destruidos, ante la mirada indolente y cómplice de las administraciones “castillistas” y “brizuelistas”. No faltan las versiones sobre la “aparición” de algunos de esos bienes, en otras dependencias muy lejos de Pirquitas, y, lo que es peor, en algunos domicilios particulares.
En algunas ocasiones se habló de la posibilidad de convertir a la “Residencia Oficial” en un hospital geriátrico, una hostería y hasta un centro para combatir adicciones, pero ningún proyecto prosperó y, poco a poco, llegó al estado ruinoso al que la condenó el Frente Cívico y Social.
Esa es la triste historia de la “Residencia”, que ahora parece reeditarse con la “Hostería” de Las Pirquitas, por estos días –y desde hace dos años- en absoluto estado de abandono. Cedida a la Municipalidad de Fray Mamerto Esquiú, el 31 de mayo de 2011, mediante el decreto Nº 408, el gobernador Brizuela del Moral, ratificó el “contrato de comodato” que dejó ese inmueble en manos de otro radical del Frente Cívico y Social, el intendente Humberto Valdez.
Dispuesta una concesión privada, que preveía la administración y funcionamiento del salón comedor, en paralelo con la restauración de las 14 habitaciones y demás dependencias del inmueble, en pleno centro de Las Pirquitas, la iniciativa no prosperó a raíz de la abultada deuda que la pobre “Hostería” registra ante la empresa de energía.
Ni el concesionario, ni la Municipalidad a cargo de Valdez, asumieron el cuidado del lugar, que hoy, en pleno “boom” y “récord” turístico por la Semana Santa, no pudo ser utilizado, porque –como la “Residencia”- se encuentra abandonado, sometido también a los constantes saqueos que parecen llevarlo al irremediable destino de la ruina, que los perores designios “frentecivistas” imaginaron para el antiguo bastión peronista. De allí también se llevaron termotanques, muebles, puertas y ventanas, los sanitarios y hasta parte del cableado eléctrico.
Casi irónicamente, la administración de Valdez en FME invitaba durante el último fin de semana a largo a “paseos en lancha por el embalse”, sin aclarar que para alojarse, comer o merendar debían hacerlo en el mismo dique, como pudieran, o trasladarse a La Puerta (Ambato) o volverse hacia Piedra Blanca o a la Capital para completar las demandas de una salida turística.
Y pensar que la ex senadora Pilar Kent de Saadi, el ex intendente Oscar Alfredo Vera y el ex concejal Roberto Más, se ufanaban -cada uno en su tiempo- de levantar hasta la peor performance electoral “con los votos de Pirquitas”. Un “estigma peronista” al que los radicales respondieron con el más perverso de los castigos: abandono, olvido y destrucción.
Es de esperar que este sino perverso pueda ser revertido ahora con la intervención de la Secretaría de Turismo de la Provincia, que ha recuperado para sus dominios la administración de esa hostería, y que no la restaure únicamente por el sentido de pertenencia ideológica o partidaria, sino por el respeto al más elemental sentido común que también merecen todos los habitantes de Las Pirquitas, por aquello de que -parafraseando a Perón, por qué no?- nos permita comprender que “para un catamarqueño no debe haber nada mejor que otro catamarqueño”.