"Vucetich fue pionero en pensar la identidad como derecho"
A 90 años del fallecimiento del inventor croata nacionalizado argentino, la investigadora de la UNGS y doctora en Historia, Mercedes García Ferrari, analiza el surgimiento del Sistema Dactiloscópico Argentino, el contexto político que lo posibilitó y su éxito en el mundo.
Algo deben tener esas historias de misteriosos asesinatos
que tanto cautivan al público. Ya a principios del siglo XX, los casos del
mítico Sherlock Holmes o la pluma de Roberto Arlt en la sección de Policiales
del diario Crítica atraían la curiosidad de miles de lectores. Hoy, ese interés
parece encontrar eco en las extensas coberturas televisivas del "crimen del
momento” y en una variada oferta de series de detectives: CSI, La ley y el
orden, Mentes criminales...y la lista continúa.
Pero hay un elemento que cambió para siempre la resolución
de crímenes, tanto en la realidad como en la ficción. Al punto tal que una
serie debe tener al menos una escena de búsqueda/obtención de huellas
dactilares en alguno de sus capítulos para preciarse de ser detectivesca. O que
resulte difícil no escuchar que los periodistas de Policiales se pregunten si no
hay "alguna huella” en la escena del crimen.
Juan Vucetich, responsable de idear y perfeccionar un
sistema que permita identificar fácilmente a cualquier persona a partir de sus
huellas dactilares, contó con varios aliados de peso para quedar en la historia.
No sólo los aportes teóricos que le sirvieron como antecedentes o el enorme
sacrificio y talento que poseía, sino también un contexto político que tenía a
la identificación de las personas –sobre todo de los criminales- como un
objetivo primordial.
En diálogo con Agencia CTyS, y a 90 años de la muerte del
croata nacionalizado argentino, la doctora en Historia Mercedes García Ferrari,
investigadora y docente en
Dime cuanto mides y te diré quién eres
Para los empleados policiales de fines del siglo XIX
resultaba difícil, por no decir imposible, vincular a una persona con un legajo
en un archivo. La población no contaba con documentos –el primero de carácter
nacional, la libreta de enrolamiento, llegaría recién en 1911- y había una tasa
de analfabetismo alta. Aún así, se intentaron algunas formas de identificación,
con las tecnologías que surgían.
"Para la década del 1860 se empiezan a utilizar
daguerrotipos, primeros esbozos de la fotografía, para retratar a delincuentes
famosos- relata García Ferrari- e incluso se instalan las denominadas galerías
de ladrones, con el fin de que la sociedad conozca sus rostros”. En Argentina,
por ejemplo, el escritor Fray Mocho publica en 1887 Galería de ladrones de la capital,
recopilación de fotografías de una galería instalada en Buenos Aires.
Claro que este sistema presentaba ciertas desventajas, como
explica la doctora en Historia: "En los primeros tiempos, la fotografía era
demasiado costosa y no había un registro sistemático dentro del departamento de
Es en este contexto que surgen las ideas de Alphonse
Bertillon, un funcionario de la policía parisina que desarrolla un sistema
antropométrico conocido como bertillonage. "Este método incluye una serie de
medidas corporales que, según se estimaba, no cambian después de los 25 años.
También estandariza la fotografía y establece las dos imágenes de frente y de
perfil. Así, vincula todos estos datos con una ubicación en un archivo y les da
un marco científico”, explica García Ferrari.
La mejor prueba de que Argentina intenta consolidarse como
pionera a la hora de sistematizar la identificación de personas será la
decisión, en 1889, de adoptar oficialmente el sistema antropométrico de
Bertillon. Así, el país se convertía en la segunda nación, después de Francia,
en implementar su uso.
En ese mismo año, el departamento de Policía de la ciudad de
Buenos Aires había abierto una Oficina de Identificación Antropométrica,
mientras que dos años después se inaugura una oficina equivalente en el
departamento de Policía provincial. Sin embargo, pronto quedó claro que, a
pesar del aval y la legitimación que este sistema recibía en varios congresos,
la puesta en práctica no lograba sortear diversos obstáculos.
"Para empezar- detalla García Ferrari-, es imposible hacer
la medición exacta de cualquier parte del cuerpo. Si bien Bertillon explica que
se tiene en cuenta un margen de error, él aseguraba que los resultados daban un
margen de seguridad muy alto. Pero en un juicio, por ejemplo, para declarar
culpable a una persona no alcanzaba con esto, sino que se necesitaba un método
que no dejara ningún tipo de dudas sobre la identidad”.
Otros escollos, según la investigadora, serán la necesidad
de personal competente a la hora de tomar las medidas, hecho que se dificulta
si se tiene en cuenta que gran parte de los empleados policiales ni siquiera
sabía leer y escribir; era un procedimiento muy caro, ya que implicaba
instrumentos costosos y un gran espacio para efectuar las medidas; y problemas
también a la hora de traducir el sistema de clasificaciones propuesto por
Bertillon, ya que cada país traducía los términos a su antojo, resultando
imposible realizar intercambios de información.
Un croata en suelo argentino
La historia del Sistema Dactiloscópico Argentino debe
leerse, no como una sucesión o mejora del bertillonage, sino como un proceso
paralelo al desarrollo de éste. Mientras Bertillon perfeccionaba su sistema,
Juan Vucetich –o Ivan Vučetić, tal su nombre original- llegaba en
Ingresado al departamento de Policía provincial en noviembre
de 1888, las cualidades de Vucetich –como, por ejemplo, leer en varios idiomas-
le permitió escalar posiciones rápidamente. Así, llegaría a estar al frente de
Explica García Ferarri que para Vucetich resultaron claves
los trabajos de Francis Galton, científico británico y primo de Charles Darwin,
quien publicó en 1888, en la revista Nature, un artículo donde explicaba que
cada persona tenía huellas dactilares únicas e irrepetibles.
"Lo que hizo Galton fue demostrar que las huellas son únicas
y que no se pueden modificar en toda la vida. Pero lo innovador y el enorme y
valioso aporte de Vucetich fue desarrollar un sistema que tomara a la huella
digital como forma de identificación, que incluyera además métodos para
clasificarlas y archivarlas”.
Según la doctora en Historia, la solución que encontró el
investigador fue partir de la existencia de cuatro tipos básicos de dibujos
formados por las huellas dactilares en cada dedo, a las que denominó arco,
presilla interna, presilla externa y vertilicilo.
"Para describir en símbolos las huellas de los pulgares, los
dibujos quedaban respectivamente indicados por las letras A, I, E y V, mientras
que para describir la de los demás dedos, se reemplazaban esas letras por los
números del 1 al 4. Así, Vucetich denominó al conjunto particular de diez
impresiones como ficha individual dactiloscópica”, detalla García Ferrari.
El nombre elegido inicialmente por Vucetich para su sistema
fue la icnofalangometría - del griego ichnos: figura; phalagx; falange y
metron: medida-, pero, por consejo del director General de Estadística de
El éxito internacional
Pero Vucetich no se limitó a crear un sistema que resultó
ser más simple y eficaz que el propuesto por Bertillon, sino que se ocupó
también de mantener una activa correspondencia con autoridades en la materia de
diversos países y de darlo a conocer en el ambiente. Así, por ejemplo, presenta
su sistema en una conferencia en
"Vucetich envió sus trabajos a Galton, con el que
intercambió varias cartas, pero sus trabajos serán mayormente rescatados por
criminólogos de la escuela de Lyon, que estaban en abierta oposición a los
métodos de Bertillon”, explica García Ferrari. Las epistolares incluirían a
abogados, jueces y directores de penitenciarios de varias regiones del mundo.
A esta intensa actividad de Vucetich -que incluiría un viaje
alrededor del mundo para presentar sus trabajos en varios países
latinoamericanos, Estados Unidos, Europa y hasta
"En 1905, por ejemplo, se firma en Buenos Aires un convenio
internacional de Policías, entre la policía de Montevideo, Río de Janeiro,
Santiago de Chile y la policía local, para intercambiar fichas e información”,
amplía la investigadora, quien explica además que en este período se empezarán
a observar cambios en la estructura y sistematización en las tareas de
inteligencia.
"Sin duda, es un período en el que hay transformaciones que
le dan viabilidad a proyectos como los de Vucetich. Más allá de este proceso,
su gran preocupación y su objetivo principal era la identificación general, fue
muy pionero en pensar en la identificación civil y pensar la identidad como un
derecho. En ese sentido, fue un innovador”, concluye la académica.
Fuente: Agencia CTyS