Acertada medida por cierto que habla de una actitud responsable por parte del brillante pivote de 35 años de edad. Medida –dicho sea de paso-, que debería tomarse como ejemplo de prudencia y amor por la familia. Algo que –a veces -, los cultores de un deporte sacrifican cruelmente en aras de los colores de un club o –lo más probable-, ingresos económicos nada despreciables capaces de convertir a un deportista en un potentado. De lo señalado sobran ejemplos.
Pero una iniciativa exclusivamente personal, basada en un mareo pasajero no alcanza. Es absolutamente necesaria la presencia del Estado ejerciendo un permanente y prolijo control de las actividades deportivas y de sus cultores.
En Archivo se conservan casos de hombres ya maduros que se desploman víctimas de un síncope cardíaco en una cancha mientras jugaban un partido de fútbol. Y es allí donde aparecen muchas veces bajo la forma de anécdotas, los problemas de salud que afectaban al muerto y se pone énfasis al señalar que “dio su vida por los colores de su club”, manera un tanto estúpida de morirse y una muerte evitable si existieran efectivos controles médicos que deben comenzar desde el tiempo de la niñez de las personas.
Y un dato a tener en cuenta: en estos últimos años existe un elevado número de niños y jóvenes que se hallan próximos a un cuadro de desnutrición. No es motivo de estas líneas analizar las causas de esos cuadros. Lo importante es que sean tomados en consideración por los responsables de velar por la salud de todos los deportistas.