D’Agostini, junto a su hijo Augusto y su sobrino Hernán, quienes lo acompañaron en la singular travesía por Perú, gran parte del norte argentino y Chile, como copiloto y navegante, respectivamente, llegaron a Casa de Gobierno a bordo de un camión del Cuerpo de Bomberos de la Policía de la Provincia, que los aguardó en el ingreso a la ciudad por la Ruta Nacional 38, y luego los trasladó por la placita de La Estación, y las calles Salta y República, hasta el Paseo de la Fe, al frente mismo del palacio gubernamental.
“Este recibimiento compensa todo el sacrificio que hemos hecho durante tantos meses, porque el Dakar no son únicamente las 14 etapas que dura la carrera”, expresó D’Agostini, quien por momentos se entrecortaba por la emoción en sus primeras palabras ante la gobernadora Corpacci.
“Hoy, recién ahora, estamos terminando el Dakar”, afirmó el “Gringo”, describiendo que “después de llegar a Santiago y toda la ceremonia de premiación, ayer en frente al Palacio de la Moneda (casa de gobierno de Chile), tuvimos que hacer otros 1.500 kilómetros hasta llegar esta mañana a Catamarca, así que recién se puede decir que hemos concluido con todo este desafío”, recalcó.
A modo de balance, D’Agostini, apoyado sobre la Bandera Argentina que lo acompañó en todo el raid con la inscripción de “Catamarca, capital mundial del Rally Dakar”, y que su sobrino Hernán extendió sobre la mesa donde los recibió la mandataria, expresó que “la primera conclusión es que todo se puede”, reiterando que “este es el trabajo de mucha gente, durante muchos meses, porque toda la previa requiere de mucha preparación tanto en lo físico como en lo deportivo, además de los desgastantes y costosos trámites burocráticos y administrativos que exige un Dakar”.
“Y en lo deportivo también es un enorme sacrifico, tanto como recorrer casi 10 mil kilómetros, en 15 días, a 70 u 80 kilómetros por hora, lo que significan horas y horas por día arriba de un camión, con los climas más rigurosos, tanto por el calor como también por frío, a veces; pero felizmente ahora estamos ante la posibilidad de poder contarlo”, recalcó.
D\'Agostini finalizó en el puesto 32° de la clasificación general de los camiones y fue el mejor argentino en su categoría, en la que corrió por primera vez, ya que en las dos anteriores lo había hecho en \"autos\" con una VW Amarok.
Acompañado por la Virgen
Entre las primeras anécdotas que los corredores deslizaron ante Lucía y los funcionarios que la acompañaban, entre quienes se contaba el intendente de la Capital, Raúl Jalil, Walter contó acerca del “permanente acompañamiento que sentimos de nuestra Virgen del Valle, a la que llevamos en distintas partes del camión, pero fundamentalmente en la imagen pintada en la parte trasera, para que nos guié en el camino”.
Al respecto contó que “en la tercera etapa, en Perú, después de pasar una duna muy grande caímos de manera frontal y terminamos con el camión clavado en forma perpendicular al piso; allí invoque a la Virgen –detalló-, y cuando ya creíamos que nos dábamos una vuelta de campana, el camión se volvió hasta asentarse nuevamente en la cuatro ruedas. Fue algo muy riesgoso y emotivo a la vez, por toda la carga de fe que pusimos en ese instante”.
La gobernadora quiso saber qué tienen de distinto las dunas de Fiambalá, que tanto elogian todos los que están relacionados con el Dakar, y D’Agostino contestó que “son únicas, porque se mueven permanentemente, a causa de los intensos vientos que se dan en la zona”, explicando que “en cambio, en Perú o en Copiapó, en Chile, son tan grandes como las de acá, pero están más consolidadas, fijas, y se hacen más previsibles de una año al otro”.
“Y en Fiambalá es todo distinto de una año al otro –describió-, porque cuando entrás a una duna se pierde la noción del lugar, y más si cuando salís de una te encontrás con otra; podés quedar totalmente desorientado”.
Antes, hablando para los distintos medios que lo recibieron en la estación de servicios del acceso Norte, desde La Rioja, D’Agostini manifestó sentirse “alegre, muy emocionado por el recibimiento que nos están dando, porque desde Chumbicha hay gente que nos viene acompañando”, recordando que “hace 16 horas que estamos viajando desde Santiago, así que hacemos de cuenta que en este momento, realmente, termina el Dakar ´para nosotros”.
Retribuyendo la adhesión del público, y notoriamente feliz, Walter dijo que “la gente entendió que uno no hace esto en forma personal, sino en representación de Catamarca”, ratificando además el orgullo de haber concluido “entre los mejores camiones del mundo, y como el mejor argentino, algo que para nosotros era impensado antes de largar”,
Seguidamente aludió a las características de su Mercedes Benz “un camión de 25 años de antigüedad, que estaba preparado como para cumplir con el recorrido, pero no para competir”, aunque destacó “la permanente y eficaz asistencia del equipo español Epsilón, que no nos hizo faltar nada”.
“Cuando se podía correr lo hicimos, y cuando el camino exigía manejo anduvimos entre los mejores camiones, así que el salto es positivo, por donde se lo mire”, concluyó D’Agostini antesa terminar en medio de una maraña de brazos que pugnaban por recibirlo.
Después de despedirse de la Dra. Corpacci, los D’Agostini se dirigieron a la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Valle, donde en forma muy recoleta y acompañados de familiares que los aguardaban en el lugar agradecieron el acompañamiento espiritual de la “Madre Morena”, y pudieron retribuirle personalmente las bendiciones recibidas antes de la partida de parte del presbítero Julio Quiroga del Pino, vicario general del santuario.