Seguramente, Galíndez habló con la más elevada pasión que le ordena su corazón “villacubano” cuando dijo lo que dijo sobre, el supuesto “pedido de 15 lucas” por parte del referí “friense” para “no perjudicar” a Villa Cubas en el partido, que finalmente empató 0 a 0 con Peñarol de San Juan.
“Tengo testigos de que a la mañana (Quiroga) me llamó; me dijo ‘¿loco, dónde estás?’”, le habría expresado el árbitro a “Kike”, quien –siempre según sus dichos- le contestó: “comiendo un asado con unos amigos”, agregando que “comió conmigo y tres personas más…”, y que ahí le habría trasmitido que “queremos 15 lucas, porque hay gente que no quiere que gane Villa Cubas…”.
¿Cómo…?, “Kike” tiene testigos de la llamada (¿?), y no los tiene del almuerzo posterior con otras tres personas (¿?). (Para la próxima, sacale una foto con el celular, sería el consejo para Kike).
Y la remató con la confesión: “Más no sea te vamos a dar unas monedas, yo sé que a esto hay que arreglarlo de local (¿?), pero no se puede, no hay plata...”, para admitir que no había podido “hacer más” porque “no tenía los teléfonos de quienes manejan al club” (existe un delegado normalizador, el Dr. Sergio Guillamondegui).
Cuáles son las conclusiones de este desopilante desenlace. Primero, no es creíble que el árbitro concurra a un asado, en lugar desconocido, a donde presuntamente iba a pedir un soborno, o recibiría una propuesta en ese sentido
Segundo, cualquier denuncia sobre el particular debió hacerse en una comisaría o un precinto judicial, sin necesidad de avisarle al normalizador de la entidad, por el propio derecho de simpatizante agraviado que le cabe al mismísimo Galíndez, conocedor anticipado de un supuesto caso de cohecho (delito por el cual una persona por sí o a través de terceros ofrece o requiere dádivas, favores, promesas o ventajas, para realizar u omitir realizar actos que son propios de su competencia).