Tras la victoria por 2 a 0 conseguida en el Monumental,
River llegó a Asunción con la ilusión intacta de clasificar a la final de la
Copa Libertadores después de 19 años. Con un marco extraordinario, enmarcado
por los 10.000 argentinos que arribaron a Paraguay, el equipo de Marcelo
Gallardo se presentó con la idea de atacar a su rival como si la llave
estuviera igualada.
A través de la movilidad de Gonzalo Martínez, la precisión
de Luis González y la velocidad de Lucas Alario, los de Núñez amenazaban a un
Guaraní que se mostraba muy nervioso y apurado. Naturalmente, la obligación de
ganar por una amplia diferencia hacía que los dueños de casa se mantengan
imprecisos y carentes de ideas en ofensiva.
Los polémicos fallos de Julio Bascuñán inclinaban la cancha
hacia la zona de Marcelo Barovero y las intervenciones de Tomás Bartomeus por
el sector izquierdo complicaban a Gabriel Mercado. De todos modos, una violenta
infracción de Leonel Vangioni sobre Juan Patiño, ignorada por el chileno,
mantuvo con vida al "Millonario", dado que el prematuro penal hubiese
significado un giro trascendental en el encuentro.
Tras el aluvión sufrido en el área de "Trapito",
el público visitante se hizo sentir desde las populares y Rodrigo Mora se
agrandó con remates de larga distancia. Los intentos del uruguayo, desactivados
por Alfredo Aguilar, también despertaban suspenso en el Defensores del Chaco.
Además, las combinaciones entre Carlos Sánchez y el ex Colón
ponían en jaque al conjunto local. Con toques de primera y lujos efectivos, los
hombres más incisivos de la banda se acercaban al territorio ajeno, aunque
antes de que llegue el descanso un disparo de Julián Benítez hizo lucir al ex
arquero de Vélez para contagiar a los paraguayos.
En el complemento las imprecisiones de River favorecieron al
Guaraní, aunque la falta de profundidad del elenco de Fernando Jubero no
despertaba serios inconvenientes a la zaga central compuesta por Jonathan
Maidana y Ramiro Funes Mori.
Sin embargo, cuando todavía restaba media hora de juego, una
gran individualidad de Benítez le sirvió al "Aborigen" para abrir el
marcador. Un desborde del volante con pasado en Ecuador y México le dio la
posibilidad a Marcelo Palau de festejar, pero el palo le ahogó el grito. Lejos
de disiparse el peligro, la pelota volvió al área porteña y Fernando Fernández
infló la red. Con el tanto paraguayo el pleito tomó una intensa carga emotiva
que dejó la llave abierta.
La respuesta argentina no tardó en llegar. Una triangulación
entre Tabaré Viudez, Mora y Alario mereció concluir en el empate, pero la
notable maniobra de Aguilar evitó el gol adverso. Fiel a su estilo, el
"Muñeco" intentó liquidar el duelo con tres delanteros.
Ya con Fernando Cavenaghi en cancha, quien reemplazó al oriental, el "Torito" se perdió la ocasión de la igualdad al estar mano a mano frente al arquero rival. De todos modos, la notable actuación del refuerzo que tanto había exigido Gallardo, habilitó al joven atacante de Tostado para que selle la clasificación. Con una definición exquisita, Alario impuso el 1 a 1 que le permitió a la banda mantener el sueño continental. Casi dos décadas después, los "millonarios" volverán a jugar la final más codiciada del continente y si mañana Tigres elimina al Inter de Porto Alegre, los pasajes se extenderán a Japón para disputar el Mundial de Clubes. En tiempos de elecciones es oportuno recordar lo que afirmaba un slogan de campaña: River volvió a ser River.