Y un año después llegó la revancha. Flor de
revancha, con una ráfaga de goles en el final del primer tiempo, le dio un
voleo. Primero, Fernández con un zurdazo tremendo.
Después, Herrera con ayudita de Sara, ésos
fueron los golpes de gracia que le dio Central a Boca, en cuatro minutos
liquidó a un equipo que recién en desventaja reaccionó y lo buscó. Que Sosa se
hizo figura, que el segundo tiempo fue un monólogo, que merecía algo más...
todo tan cierto como que el Canalla de Coudet tuvo la contundencia en el
momento justo para llevarse una final anticipada y cachetear al rival que le
había dado la vuelta en 2015 en la misma cancha.
Tremendo golpe para Boca, que otra vez pagó
caro distracciones. La primera en el 1-0, cuando Barrios y Silva durmieron y
dejaron sacar el centro de Montoya. La segunda en el 2-0, cuando Sara dio
rebote en el lugar menos indicado y Herrera no perdonó. Y ya con tanto nervio,
tanta presión, difícil remontar un 0-2 con olor a tragedia futbolística por la
eliminación en la Copa Argentina y el adiós a la Libertadores 2017.
En un partido que se jugaba desde hace meses,
un equipo con aspiraciones no puede mostrar lo que mostró Boca en ese primer
tiempo.
Desaparecido Tevez, sin peso Centurión y
Bentancur, apenas algunos flashazos de Pavón y la intención de atacar, pero sin
profundidad ni peligro.
Central había llegado un poco más, no perdonó
y lo sentenció. ¿Y el juez Loustau? Se la bancó en un partido difícil, su perla
negra fue la no expulsión de Villagra cuando estaban 0-0 y ya estaba
amonestado.
El mapa del segundo tiempo fue otro,
totalmente distinto. Porque entró Benedetto, porque Central se replegó
demasiado cerca de su área, porque Boca metió y llegó desde el arranque. Pero
faltó la puntería de equipo que en el torneo es el que más convirtió: no
pudieron meterla el Pipa, Tevez (un tiro libre en el travesaño a los 35’) Silva
(dio en el palo su zurdazo en el comienzo) ni Bentancur (zapatazo que sacó
Sosa) y el soñado descuento tempranero no llegó.
Y a puro aguante lo fue laburando Central,
casi sin proponer. Y Boca jugando de tres cuartos de cancha en adelante,
teniendo la pelota, tratando de abrir por las puntas, generando faltas,
probando de donde fuera, pero nada. Las figuras, los que definen partidos, no
aparecieron. Y un año después de ganar esta Copa, vivió una pesadilla el
Kempes: festejaron los de azul y amarilla rosarinos, que lo dejaron sin nada.
Sin el millón, sin la Copa Argentina y, lo peor, lo que más duele, lo deja
mirando por tele la Libertadores 2017.